Las guías de Miss Murphy para la vida: cómo trepar sin dar ni chapa

07/01/2011

En estos tiempos de paro a raudales, mucha gente aguanta carros y carretas con la creencia de que si eres el que más da el callo, más posibilidades tendrás de sobrevivir a despidos, ERES y demás. Meeeeec, error. Eso sería lo que  pasaría si imperara el sentido común, pero este es el país en el que los imputados por corrupción ganan elecciones por mayoría absoluta y una semianalfabeta famosa por haber tenido una hija con un torero es ídolo de masas, así que el sentido común no va con nosotros.

 

Vale, probablemente si renuncias a todos tus derechos y te dejas explotar en unas condiciones dignas de una plantación esclavista de algodón del siglo XIX se queden contigo porque otro chollo así no lo encuentran, pero si, sin llegar a ese nivel extremo, eres una persona currante y cumplidora, tienes bastantes papeles para acabar cargando con culpas de todo tipo, debido a ese viejo principio de sentido común que indica que el único que puede cagarla en un trabajo, es aquel que lo está llevando a cabo.  Así que aquí va una pequeña guía  para mantener el trabajo e ir trepando sin rascarla demasiado, que he elaborado estudiando en su hábitat natural a ejemplares de la fauna laboral que han ido mejorando posición y sueldo haciendo como que trabajan.  De hecho, yo misma voy a ponerlo en práctica en cuanto termine mi entrenamiento de endurecimiento de los músculos faciales. Porque, eso sí, hace falta una cara de hormigón armado. Son sólo tres sencillos pasos: no vamos a sobrecargarnos con más ideas, que va contra el espíritu de este tipo de trepa…

 

La regla básica número uno es que, mucho más importante que hacer cosas, es que te vean hacer cosas.O que te vean haciendo como que las haces, valga la redundancia. Un currante puede cometer el error de tirarse cinco horas currando ininterrumpidamente a máxima concentración sin parar un segundo y, con la ingenuidad que da tener la conciencia tranquila,  hacer una pausa para pedir un café/ir al baño/descansar la vista del ordenador, justo en el momento en que los jefazos andan por ahí..O son capaces de llegar un rato antes para adelantar trabajo, aunque a primera hora no te ve ni dios, para así acabar su parte y salir a su hora.Mal hecho. El buen trepa puede pasarse la jornada laboral hablando con su churri por el teléfono de empresa, pero tiene un sentido arácnido para detectar la proximidad del jefe y ponerse a trabajar justo en ese momento. También es últil salir un ratito después de tu hora. No hay que quedarse mucho, con esperar a que se vayan tus compañeros (o parte de ellos) vale. Si tu trabajo te lo permite, puedes matar ese tiempo viendo videos de perros graciosos en el youtube o comprando en ebay.

 

Regla número dos: no basta con fingir que se trabaja y punto, porque claro, con eso como mucho salvas el culo pero te confundes en la masa con la gente que está currando de verdad.Si quieres llegar lejos, tienes que dar la impresión de que tu trabajo es el más arduo de todos. Así que pon cara de máxima concentración aunque estés puntuando chonis en “votamicuerpo.com”, suelta algún taco de vez en cuando y quéjate de que el ordenador/impresora/teléfono/calculadora no va todo lo rápido que necesita para poder seguirte el ritmo en tu labor cotidiana, y cuando interrumpas tu tarea para labores tipo abrir la puerta cuando llaman, poner papel en la impresora o atender el teléfono que suena, procura que tooooda la oficina se entere de que has tenido que levantarte porque esas cosas, si no las haces tú, no las hace nadie.

 

Regla número tres: Siempre hay alguien a quien echar las culpas si la cagas. Si ya estás en un puestecillo de cierta responsabilidad con gente a tu cargo lo tienes a huevo, siempre podrás decir que se lo encargaste a un subordinado y la cagó (lo que puede ser perfectamente porque, si sigues esta técnica, en el momento en que tengas gente a tu cargo JAMÁS volverás a hacer nada, desviarás los marrones a otros. Lo que eufemísticamente llamarás “saber delegar”). Los becarios son otro clásico de cargarse las culpas ajenas. En cualquier caso, lo importante aquí es recordar que la mejor defensa es un buen ataque: si la has cagado e intuyes una reprimenda, tienes que llegar hecho una furia, elegir tu chivo expiatorio, irte contra él a cara perro y servirle su cabeza en bandeja a los jefazos supremos antes de que lleguen a señalarte. ¿No hay una persona a mano a la que echar la culpa? Recurre a la rebelión de las máquinas (el ordenador me falló/no me dormí, el coche de empresa que es una mierda y no arrancaba, ponedme un audi/ese cliente no me llamó, o será que falló esta mierda de blackberry, necesito un modelo más actual) o en último caso, a la frase magistral de Homer de “estaba así cuando llegué”…

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Oye, a ver si quedamos…

06/20/2011

El lunes tenías clases de macramé y no podías quedar

El martes tenías que pasar a limpio tus apuntes de macramé y no podías quedar

El miércoles tenías que ir a la pelu, que las raíces a lo Shakira no molan y por tanto, no podías quedar

El jueves estabas cansada y no te apetecía quedar

El viernes te mandé un mensaje para quedar.

El sábado me respondiste al mensaje, que habías dejado el móvil por ahí y no te habías dado cuenta. Estabas muy cansada para quedar tras haber ido a la exposición de trabajos de fin de curso del taller de macramé

El domingo es el día del Señor y habías quedado con tu pocholito y la familia de tu pocholito para almorzar.

Al lunes siguiente me dijiste que a ver si quedábamos toda la chupipandi, que echabas de menos las quedadas y que hay que ver, que yo siempre aviso a todo el mundo para quedar, si no lo hago yo nadie lo hace. Te quedaste con una cara rara cuando empecé a descojonarme de risa y me fui sin responderte.

Telly

Cómo pintarte las uñas de los pies y no morir en el intento

06/08/2011

Querida maripepi:

pintarse las uñas de los pies es un arte, un don que se puede adquirir. No te desesperes.

Lo primero, llena el bidé con agua calentita. Lávate los pies y déjalos en remojillo media horita, aprovecha para leer lo que te apetezca y culturizarte un poco.

Saca tus lindas pezuñas, exfóliate los pellejitos o pellejones muertos, límate las durezas. Córtate las uñas, aprovecha que están blanditas. Y empuja las cutículas, por Dior y Chanel.Seca tus pies con amor y ternura.

Ponte un poquito de crema hidratante en los bordes de los dedos, sin que se manchen las uñas de crema. Echa una base de laca de uñas transparente, la base de uñas del Metadona es una maravilla, ésa de color azulito. Espera cinco minutos. Y ya puedes pintarte las uñas del color que quieras, sin temer que con los brochazos te pintes medio dedo, ya que la crema hidratante impedirá que asiente la pintura ahí y podrás retirarla con facilidad con un bastoncito de algodón. Cinco minutos de secado, una capita de esmalte de uñas transparente para dar brillo y proteger el color y podrás presumir de pezuñas divinas.

Eso de que para presumir hay que sufrir es mentirijilla a veces…

Telly

La elegancia es una actitud

06/06/2011

Querida pedantorra mía:

tu vestido de Modorrio y Chumino te ha costado medio sueldo y es megadivino. Tu bolso es de Chocholina Perrera y te lo regaló el patillero de tu novio. Tus mechas californianas te las aplican en la mejor peluquería, donde te dan el Vanity Fair y el mismísimo Clooney te sirve un café recién sacado de la Nespresso. Pero no eres elegante.

Tengo una amiga que siempre va divina, siempre va sencilla, siempre va elegante. Unos vaqueros, una camiseta blanca, todo del Lefties. Y un collarón de un puesto de hippies. Y está para comerle hasta el apellido de lo linda que va. Unos shorts de color verde, una camiseta de rayas, unas sandalias, un colgante chulo. Y se ha gastado menos de lo que tu churri se gastó en el bolso.Pero ella en sencilla, es humilde, tiene actitud de elegancia, no necesita gloss para brillar.

Querida pendantorra: por mucho que te vistas de seda, pedantorra te quedas. Sonríe, sé feliz, toma un buen té o café en buena compañía, juega con tu mascota, saca a tus sobrinos al parque, ve en bici y disfruta el paisaje, cómete un buen donut en un banco del parque, lee un buen libro, haz una rica lasaña. Y deja de poner gesto de megadivina o carita de “estoy oliendo chusma”, eso no es nada elegante ni te favorece aunque lo creas.

Telly

Maripepi blanca soltera NO BUSCA

06/04/2011

Sí, han llegado los treinta y, después de unas cuantas relaciones sobre las que no merece la pena gastar gloss, has vuelto a la soltería. Y no está nada mal, es más, empiezas a pensar que es tu estado ideal y te dedicas a salir con la chupipandi al más puro estilo despedida de soltera o cincuentona recién divorciada. No, no está pero que nada mal…

Aunque claro, en este furor primaveral nuevamente estrenado la cagas, y la cagas mucho. Una copa de más a Nati Abascal le puede quedar megaglamourosa, pero a ti no… Sus tumbos pueden quedar muy chic, los tuyos son de borrachina; sus declaraciones de afecto a todo lo que se mueve son hasta tiernas, cuando tú le dices al DJ de turno que te encanta no queda igual de bien. En casos como éste me pregunto de qué sirve tener una amiga abstemia si no te va a parar cuando estás a punto de hacer el ridículo más espantoso.

A pesar de todo, no está tan mal. El problema llega cuando alguna fémina de tu entorno pronuncia las malditas palabras “pues tengo yo un amigo…”. Mal, muy mal, ahí estás bien jodida, estás entrando en esa fase en la que todo bicho viviente te busca novio, follamigo o compañero de vacaciones. Y tú, que estás tan estupenda solterita, te preguntas si tan poco te quieren como para intentar endosarte a algún maromo que te joda la vida una vez más.
Señoras mias, seguiré informando sobre mis progresos en “cómo seguir soltera a los treinta y no morir en el intento”.

By nina

El planeta del amor y las ex de tu medio pomelo

06/03/2011

Cuando te sumerges en el planeta del amor, una de las cosas que tienes en cuenta es que tu medio pomelito antes de conocerte a tí seguramente conoció a otra…y seguramente estuvo un tiempo saliendo con ella. Lógicamente, a menos que el chaval sea polígamo, esa relación terminó, te conoció a tí y ahora mismo estáis en vuestra nubecita rosa, felices como lombrices, mandándoos mensajitos sin parar, escribiéndoos correítos tóxicos para diabéticos y suspirando por el momento en el que volveréis a veros para compartir el brillo de vuestra mirada, la suavidad de vuestra piel, etc.

Vale. Tú eres la pareja, novia, churri, loquesea.  Y ella es la ex. Una ex que se puede retirar a un discreto segundo plano, sobre todo si tú pasas del tema, una ex que puede seguir el lema “yo muero matando” o una ex que permanece como una sombra, discreta y silenciosa pero siempre ahí.

La ex discreta es una especie rara, digna de respetar y querer. Va a su aire, tiene claro que lo que terminó, terminó, a lo mejor puede tener buena relación con tu novio y ser su amiga, sin dar la murga, sin malentendidos ni historias raras.

La ex que muere matando tiene claro que tú eres una guarra, sea el motivo que sea, da igual, tú eres el enemigo, la que osa estar con su medio pomelito, aunque ella le dejara, da igual, le quería para ella aunque fuera de perrito faldero suspirando por su amor.

La ex “sombría” es la suavona, la que a vuestras espaldas teje y desteje, la que discretamente va haciendo la puñeta. Tiene mucho tiempo libre y lo dedica a “vengarse” del chico que ya no está con ella y la lagartona que impide que el chico vuelva a sus brazos.

Don’t worry, be happy. Y viva el Keledenismo.

Fauna de gimnasio

06/02/2011

Reúno dos características que juntas son una mala combinación: predisposición a engordar y pasión por el chocolate y por los planes de cañas y tapeo con los amigos.  Y como una reivindica lo de ser mujer puchero con todos sus avíos pero no quiere dejarse la salud en ello, y lo de convertirse en una de esas cuentacalorías que amarga las cenas a sus amigas a la voz de “pero tú sabes cuánto engorda eso que te estás zampando?” está descartado, no me queda otra que intentar practicar ejercicio regularmente, para lo cual estoy matriculada a un gimnasio. Y a veces hasta voy y todo, nos os vayáis a pensar.

 

Puesto que llevo yendo a gimnasios desde hace una década, he tenido tiempo a hacer observación y constatar que hay una serie de estereotipos clásicos que se encuentran en la clientela de cualquier gimnasio: nunca fallan.

 

Uno de los clásicos es el ciclado brasas. Se trata de ese ser lleno de bultos y venas por doquier que habita en la sala de musculación (da igual la hora del día a la que vayas, siempre te encuentras con él) y que no desperdiciará oportunidad de alardear ante cualquier incauto del peso que levanta, las repeticiones que hace o todos los detalles de la dieta que sigue para mantener su musculatura. Algunos de estos, a base de tirarse horas allí llegan a convencerse de que las máquinas son casi de su propiedad, y llevan muy mal que los enclenques y débiles clientes sin voluntad del gimnasio con metas tan pobres como “perder peso y tonificar” pasen tiempo ocupando las máquinas (casi podríamos decir “sus” máquinas)  para sus ridículas rutinas.

 

También está el fantasma-ligón de gimnasio. A este también le gusta vacilar de sus logros en las máquinas (bastante más modestos que los de los ciclados brasas, por otro lado), eso sí, sólo delante de las jovencitas de buen ver y con la intención de poder pasar así a otro tipo de ejercicio más horizontal (y no, no me refiero al banco de abdominales). Lo reconocerás porque es el que se pilla la mancuerna de cinco kilos y se coloca al lado de la jovencita recién matriculada al gimnasio que hace repeticiones de brazo con la de dos, mirándola con cara de “has visto lo que hago, ¿nena?”.

 

Tenemos, por supuesto, a uno de los objetivos naturales del anterior. La Barbie gimnasio. Tiene que ir siempre monísima de la muerte, y ahí la verás en las máquinas con el maquillaje, el conjuntito de mallas y top en rosita y el sujetador con push up (nadie que tenga algo que sujetar y que realmente piense trabajar lo más mínimo se va a presentar con un push up en el gimnasio, porque aparte de que puedes hacer un revival de aquella célebre actuación de Sabrina en una nochevieja del ochentaynosécuantos, puedes acabar viendo las estrellas de tanto salto sin sujeción..) . Naturalmente pasará tela del fantasma-ligón y se dedicará a ligar con el monitor más buenorro que haya.

 

Si llegar al nivel de obsesión del ciclado brasas, tenemos también a los irreductibles del gim. No fallan un solo día, van siempre conjuntadísimos con prendas de primeras marcas, se colocan siempre en primera fila y en las clases de grupo suelen jalear al monitor para que dé más caña cuando los demás ya estáis echando el hígado por la boca. Son el equivalente de gimnasio al empollón repelente que siempre levantaba la mano en clase para contestar al profe y que aplaudía cuando te ponían un examen sorpresa.

 

En casi todos los gimnasios está, además, el torpe. No me refiero a la gente que acaba de empezar y que todavía no le ha pillado el truco a la clase, o a la gente con poca forma física que se cansa y se para a menudo, no. Me refiero al torpe con mayúsculas, el arrítmico, esa persona que SIEMPRE hará lo contrario que el resto, chocándose con todo el mundo, así se lleve haciendo la misma coreografía cuatro meses y el resto la puedan hacer sonámbulos. Lo distinguirás cuando entres en una clase rebosante de gente, con todo el mundo apiñado, y de golpe encuentres un inmenso hueco en un lado de la sala y pienses “uy, qué tontos, agolpados todos con la de sitio que hay aquí”. Naturalmente, el que tienes al lado es el torpe. Prepárate a una hora de diversión evitando evitar que se choque contigo.

 

Y estamos el resto. Los que alternamos temporadas de entusiasmo con temporadas de no pisar por el gimnasio ni de casualidad, o los que vamos con cierta regularidad pero un par de veces a la semana una horita. Por nuestras mallas del Decathlon o del Primark y por nuestras camisetas de publicidad de JB o de fiestas de facultad  nos reconoceréis…

By Miss Murphy

Horrores estilísticos

05/31/2011

Querida Maripepi:

uno de los grandes mandamientos del maripepismo es que la moda se tiene que adaptar a tí y a tus divinas curvas, no tú a la moda. Hay horrores estilísticos que debes evitar como las uñas mal pintadas o el pelo sin sérum en las puntas.

Divina mía, el cinturón bien puesto es bello, pero mal puesto te convierte en un salchichón mal atado sin remedio. Si tienes una pechuga generosa ten cuidado a la hora de ponerte un cinturón ancho en la cintura, para que no sobresalga por arriba la pechuga y por abajo la lorza asesina.

Los zapatos los carga el diablo. Ese mestizaje de vestido con zapatillas puede quedarle megadivino a la Moss, que hasta su producto interior bruto tiene purpurina y vale miles de dólares, pero a tí te puede quedar algo así como “no sabía qué ponerme para parecer moderna hoy”.Lo mismo con los tacones, si no tienen una horma cómoda da igual lo bonitos que sean, parecerás Chiquito de la Calzada montada en dos andamios rebeldes.

Querida mía, una cosa es apuntarte al “color block” y otra parecer la prima de los payasos de Micolor. A la Carbo le queda genial ese conjunto, a tí te puede quedar más divino todavía o ir hecha una piltrafa sin remedio.

¿Que quieres llevar esos pantalones megadivinos a lo Aladino? De ir fashion a ir perroflauta-culopandero hay poco camino…

Seguro que se te ocurren más ejemplos, excelsa mía. Habla, habla por esa boquita de piñón y que el maripepismo te ilumine para no terminar hecha un adefesio.

Guía de supervivencia para currantes quemados

05/30/2011

Hoy en día, con la tasa de paro que hay, si estás trabajando parece hasta delito quejarse, pero admitámoslo: hay veces que te tocan en suerte unos ambientes de trabajo que te hacen preferible irte al paro, o dejarlo todo e irte a una playa paradisíaca a hacer pulseras y sobrevivir con el sistema del trueque. O, directamente, que te dan ganas de montar un expediente de regulación de empleo en tu empresa al estilo USA: llegando a la oficina con un rifle.  Pero antes de tomar medidas extremas hay que considerar que para cumplir condena en un piso de lujo en Nueva York hay que ser presidente del FMI y que los delincuentes mileuristas acaban entre rejas, así que conviene buscar la forma de sobrevivir… hasta que otro trabajo o un euromillón nos permitan presentar la carta de dimisión y el corte de mangas.

Y como ser maripepi no está reñido con ser curranta y las aquí presentes sabemos lo que es trabajar y volver a casa más quemadas que un guiri en Benidorm, he aquí unas pequeñas ideas que, si bien no resolverán mágicamente vuestro entorno laboral, pueden ayudar a hacerlo más llevadero.

1.- Identifica al trepa y guarda las distancias. En todas partes hay alguno. Sí, uno de esos personajes que quieren llegar arriba a toda costa, caiga quien caiga, besando los culos que tenga que besar (metafórica o literalmente) y apuñalando a quien haya que apuñalar para ir subiendo puestos en el escalafón. Y aunque habrá quien piense que llevarte bien con uno de estos ejemplares te aseguras un trato de favor cuando ascienda, teniéndote cerca le quedas muy a mano para apropiarse de tus ideas, cargarte sus marrones o venderte miserablemente si en algún momento le conviene. Es el tipo de persona capaz de “chivarse” del tiempo que perdiste tomando cafés, aun cuando los cafés los tomaras con ella y por iniciativa suya. Mucho mejor limitarte a un trato educado y correcto, pero sin profundizar lo más mínimo. Si ni llega a recordar tu nombre, tanto mejor para ti.

2.- ¿En tu trabajo hay conspiraciones, juegos de poder, apuñalamientos varios, grupitos enfrentados? Puedes implicarte,  absorber todo ese mal rollo y acabar estresada perdida, o puedes desvincularte y tomártelo como un reality que están ofreciendo para amenizar tus ratos laborales. Naturalmente, para esto es muy útil pertenecer a la categoría laboral de “último mono”, a.k.a. currante raso sin cargo alguno. Júntate con otros últimos monos junto a la máquina de café (evitando al trepa, recuerda siempre evitar al trepa) y comentad el enésimo enfrentamiento entre el jefe de tu sección y el jefe de la sección de al lado, o la defenestración del jefecillo que volvió de un puente y se encontró a otro tío en su mesa, sus claves y contraseñas cambiadas y sus cosas en una caja de cartón con “Bon Voyage” escrito a los lados con rotulador rosa fosforito.

3.- Pon apodos. Sí, es infantil, pero si en el instituto llamarle “Flanders” al de Filosofía te ayudaba a sobrellevar mejor el hecho de tener que aguantarle, ahora no tiene por qué ser diferente.  Sólo tienes que recordar no llamar a tus superiores por sus apodos, a menos que, como me pasó a mí en una ocasión, se dé una gloriosa casualidad como tener un jefe calvo apellidado Calvo. Tenía que llamar a toda la plantilla por sus apellidos para que no cantara tanto, pero ah, qué liberador era…

4.-“Ficha” a alguien. Otra técnica rescatada de los tiempos de instituto. Si a los 16 se te hacía más llevadero que llegara el lunes para ver al rubio de COU A en el recreo (sí, yo hice COU, no Bachillerato, soy viejuna), a los treintaytontos se te puede hacer más llevadero volver a currar si te vas a encontrar al moreno de contabilidad o a la pelirroja de administración (según las tendencias de cada cual) junto a la fotocopiadora. Aunque no tiene por qué pasar de lo platónico y del tonteo muy light, por si las moscas –y “las moscas” suelen ser los litros de alcohol que corren en las cenas de empresa- mejor que te plantees como objetivo a alguien de tu misma jerarquía laboral. Porque tirarle los tejos al jefe da fama de trepa, y tirarle los tejos al subordinado (o subordinada) puede terminar en demanda.

5.-Promueve la actividad de coaching y unidad de equipos de trabajo más antigua y más tradicional de estas tierras: las cañas de después del trabajo. Si en tu empresa hay al menos una o dos personas no trepas y tan quemadas como tú, quedad al terminar la jornada para despellejar a todos (sobre todo al trepa del punto número 1) y comentar las conspiraciones y juegos de poder. Como en el punto 2, pero con cañas de por medio.

6.- Canaliza creativamente tu mala leche laboral: escribe un blog. Escribir es un desahogo estupendo, puedes conocer a otros blogueros igual de quemados que tú para daros apoyo moral, y, admitámoslo, en muchos trabajos se dan situaciones tan surrealistas que, si bien en el momento de vivirlas te dan ganas de hacer un remake de “un día de furia”, narradas por escrito con algo de gracia y grandes dosis de ironía y mala leche resultan grandes piezas cómicas que pueden alegrar el día a otros trabajadores tan hasta las pelotas como tú. Así que, si en tu empresa os han comunicado que para ahorrar gastos cada uno ha de traer su papel higiénico de casa, si empezaste a trabajar de periodista al mismo tiempo que la Campos y aún tienes contrato de becario, si eres dependienta en una tienda de ropa y las señoras te piden el libro de reclamaciones porque los vestidos no le sientan igual que a la modelo del catálogo o si eres médico y te ha venido uno por urgencias para que le trates la caspa porque tiene una cita y quiere dar buena impresión, compártelo con el mundo…

By Miss Murphy

Teoría del hombre bolso

05/29/2011

La teoría del hombre-bolso alude a que ciertas mujeres piensan que los hombres son como los bolsos, ideales para tenerlos siempre agarrados y que tengan siempre todo lo que necesita (y más). Que siempre lleven la cartera y las llaves del coche. Que siempre sean cómodos de llevar y aguanten todo tipo de trotes sin rechistar. Y si un día se harta de ese bolso y lo deja abandonado en un perchero…y ese día pasa otra mujer, lo ve, le encanta y decide cogerlo, puede ir con toda su mala baba a protestar y decir “ese bolso es mío”, chillar para recuperarlo, hablarle muy mal a todas sus amigas de quien le “quitó” el bolso que ella antes no quería.

Menos mal que la nueva “dueña” del bolso practica el Keledenismo, gran filosofía espiritual que ayuda a mantener el colesterol y la tensión arterial en cifras razonables.