Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Un año más…

12/31/2011

Vuelve a ser un placer seguir desvariando con vosotras!!!! Y además…

Miss Murphy ha caido!!!

Había una vez, un ERE…

10/09/2011

Vale, a estas alturas no hay uno, los hay a puñados, pero acontece que uno de ellos afecta a la empresa en la que trabajo, así que me ha tocado vivirlo más de cerca. Para quienes tengais la suerte de no estar experimentados en estas lides comentaré en plan simplificado y barriosesamero que los ERES pueden ser temporales (te vas una temporadita pero con opción de volver), pueden afectar a una parte de la plantilla (algunos se van con la patada en el culo y se espera que la empresa pueda seguir tirando con los que quedan), o ERES de extinción, o dicho en cristiano, hasta aquí el pescao vendido, todos a la calle, echamos la persiana y la próxima vez que pases por delante de la oficina igual en su lugar han montado un “Compro oro”.

En este caso fuimos agraciados con uno del último tipo, de los de “a la puta calle todos”. En un ERE de este tipo, amigos, se produce una situación extraña y tus últimos días en la empresa trancurren en una especie de limbo. Porque ya poco queda por hacer (de hecho a veces te van desmantelando la empresa a poquitos contigo aún ahí), pero durante las semanas que dura la negociación, tienes que seguir yendo a trabajar, aunque tan sólo sea a hacer acto de presencia. Es un poco como los primeros minutos de una peli de esas de apocalpisis postnucleares, en las que los supervivientes vagan por ahí desorientados, sin tener muy claro lo que hacer, ya que todo ha quedado arrasado. Y como en una peli, los papeles se van distribuyendo y cada uno reacciona siguiendo un rol concreto.

Está, por supuesto, el desesperado: Se deja llevar por el pesimismo más absoluto y va diciendo a quien quiera oirle que eso es el fin, que tal y como está la situación jamás volveremos a encontrar trabajo en esto, y que naturalmente nos iremos con dos duros porque el comité de empresa no va a conseguir negociar ni que no den una bolsa de pipas. Ojo, que muchas veces no es un desesperado auténtico, sino que está haciendo una labor de desmoralización del resto para intentar que nadie se moleste en buscar trabajo y así eliminar competencia.

Está el pelota desubicado. Lo reconocereis porque cuando se proponga cualquier medida de presión para reivindicar una salida digna (avisar a los medios, organizar protestas, colgar pancartas), será el que diga que con él no conteis para eso, que no quiere quedar mal con la empresa de cara al futuro. Que da igual que la empresa esté condenada a la extinción y que tenga por delante una esperanza de vida de menos de un mes, nunca se sabe qué gran jefazo montará otro negocio en el futuro, recordará que ese empleado en concreto no salía en la foto de las manifas de protesta cuando cerró su chiringuito anterior, y le contratará en premio a su fidelidad…

Está el “Esqueyo”. Ese que interrumpe cualquier reunión de trabajadores para acordar acciones comunes, o llama ocho veces al día a los del comité de empresa que están negociando el ERE, para pedir que le resuelvan cualquier asunto particular suyo que, o resulta irrisorio en mitad del cataclism general, o debería preguntar directamente a los jefazos, o le podrían ayudar si lo preguntara una vez y en el momento adecuado, pero le acaban mandando a la mierda por cansino. “Es que yo tenía pendiente de coger un día de vacaciones en noviembre, que si me lo van a pagar, que si lo cojo ahora o que”; “Es que yo necesito saber ya si vais a conseguir los 45 días de indemnización o no, que quería comprarme un iPhone con eso”; “Es que yo me agobio de venir a trabajar para no hacer nada, así que si no llegais a acuerdo hoy a mí que alguien me haga un justificante o algo para trabajar desde casa, que me dan taquicardias”; “es que yo he pedido que me pasen a un disquette todo mi trabajo de estos cuatro años para mandar con mi currículum a las empresas y se han reído en mi cara”…

Están los que optan por el humor con vía de escape. Los que se bajan al bar de al lado o se traen el termo de café (porque la máquina de cafés desapareció el día que se anunció el ERE, que el de la máquina de vending no se fiaba de que se la devolvieran antes de echar la persiana) y matan el rato haciendo imitaciones malévolas del “Esqueyo”, los que escriben blogs tipo “crónica de cómo nos mandaron a la mierda”, los que se intercambian mensajes en clave a través de las redes sociales parodiando su situación laboral…

Están los que aplican el lema de “para lo que me queda en el convento”, y aprovechan que en breve van a dejar de ver a diario a esos compañeros a los que tienen atravesados desde hace meses o años para saldar deudas pendientes y decir las cuatro cositas que tenían ganas de soltar, pasándose por el arco del triunfo la consigna de “tenemos que mantenernos unidos para defender lo nuestro”. Sí, señores, a las puertas de irte a la calle y con un futuro incierto, pueden armarse broncas monumentales que empiecen con un “para ti es muy fácil decir que firmemos ya porque tienes la vida resuelta” y que terminen por “que yo sé perfectamente que fuiste tú quien se llevó mi grapadora mientras estaba de vacaciones en verano del 98, qué mala persona que has sido siempre, maripili”.

Están los que tienen que vérselas con los supertacañones (la empresa y sus abogados) para negociar las condiciones en las que nos vamos a ir a la calle, y se tiran horas y horas de negociación. Y por ahí pululan también sus némesis, los supertacañones en cuestión, los que vienen para decirte que te quejas de vicio y que no comprendes que el superjefazo es la auténtica víctima de toda esta situación, el pobrecico.

En cualquier caso, si algo sacas en claro de una situación así es que la gente se retrata y te demuestra muchas cosas, tanto para bien como para mal. A veces descubres que esa persona de otro departamento con la que apenas tenías trato y parecía muy seria tiene unas ocurrencias que os hacen partiros de risa por chunga que sea la situación, a veces el que parecía ir más a lo suyo y del que todos os esperabais que huyera cual rata del barco hundido es el primero en movilizarse para reclamar lo que haga falta, y a veces el que pensabas que estaría al pie del cañón se revela como un “esqueyo” de libro…

Miss Murphy

Guía maripepil para las rebajas

07/03/2011

Querida Maripepi:

no olvides que el glamour te acompaña allá a donde vayas y que no debes perderlo nunca, ni siquiera en rebajas. Además, en los tiempos de crisis que corren no puedes dejarte llevar por el diablillo que te dice que ingreses la tarjeta en la Unidad de Plástico Quemado.

Querida: lo primero es que hagas una lista de cosas NECESARIAS. Unos zapatos de plataforma con purpurina en la suela no es algo estrictamente necesario. Una falda de lentejuelas rosas con látigo a juego no es algo necesario. Sandalias y vaqueros, por ejemplo, sí.

Lo segundo es que seas realista. Por mucho que se pongan de moda los pantalones de pinza y tal, si tienes el culo gordo esos pantalones te hacen el culo más gordo todavía. Y no es buena idea tampoco ir a trabajar con una falda chichifresh que encontraste a 3 euros el día anterior. No, no, sé realista y busca ropa que se ajuste a tu espléndida figura y la realce, no ropa que sea una venganza cruel.

Lo tercero: las rebajas de verano muchas veces vienen bien para comprar básicos de invierno. Esas manoletinas para entretiempo que ahora te cuecen los pies. Esos vaqueros al 50% de descuento que ahora te los quitarías como el papel de una madalena. Ese jerseicito negro finito con cuello en pico que en invierno con una camiseta blanca debajo asomando por los faldones y el cuello y un buen fular te hacen ir sencilla y guapísima. Esa cazadora de piel o vaquera que te ponen a precio de chollazo y te da calor verla, te la pruebas con el aire acondicionado a toda hostia y en diciembre te hacen ir más guapa que nadie.

Cuarto: una prenda que vale 3 euros menos, tiene manchurrones de haber estado en el suelo, la encuentras en el suelo o bastante sobeteada NO es una rebaja. Es una mierda. Así de claro lo digo. Otra cosa es que te pongan un 50% de descuento o incluso un 70.

Quinto: la ropa de cuando tu madre no te tenía en el pensamiento no es resto de serie, es de la serie Cuéntame, directamente. Aunque estén a 2 euros, por Dior y Chanel no te compres ni pongas eso.

Sexto: sé paciente, my friend. Espera a segundas e incluso terceras rebajas, cuando la gente devuelve cosas y salen nuevas cositas rebajadas para seguir impulsando la compra masiva. Aprovecha para comprarte ese vestido para la boda del año que viene. O esos zapatos superbuenos que aguantarán todo trote que les pegues. No vayas a ansia viva pensando que el primer día te comprarás todo lo que está en tu lista y ya tendrás ropa hasta Noviembre. No. Ve a la caza y captura de chollos día tras día, en un agradable paseo con tus amigas, con café incluido…

En fin, querida Maripepi, espero que el espíritu maripepil te acompañe con sabiduría para poder disfrutar unas rebajas en condiciones. Que Gucci te ilumine, querida.

 

Maripepi blanca soltera NO BUSCA

06/04/2011

Sí, han llegado los treinta y, después de unas cuantas relaciones sobre las que no merece la pena gastar gloss, has vuelto a la soltería. Y no está nada mal, es más, empiezas a pensar que es tu estado ideal y te dedicas a salir con la chupipandi al más puro estilo despedida de soltera o cincuentona recién divorciada. No, no está pero que nada mal…

Aunque claro, en este furor primaveral nuevamente estrenado la cagas, y la cagas mucho. Una copa de más a Nati Abascal le puede quedar megaglamourosa, pero a ti no… Sus tumbos pueden quedar muy chic, los tuyos son de borrachina; sus declaraciones de afecto a todo lo que se mueve son hasta tiernas, cuando tú le dices al DJ de turno que te encanta no queda igual de bien. En casos como éste me pregunto de qué sirve tener una amiga abstemia si no te va a parar cuando estás a punto de hacer el ridículo más espantoso.

A pesar de todo, no está tan mal. El problema llega cuando alguna fémina de tu entorno pronuncia las malditas palabras “pues tengo yo un amigo…”. Mal, muy mal, ahí estás bien jodida, estás entrando en esa fase en la que todo bicho viviente te busca novio, follamigo o compañero de vacaciones. Y tú, que estás tan estupenda solterita, te preguntas si tan poco te quieren como para intentar endosarte a algún maromo que te joda la vida una vez más.
Señoras mias, seguiré informando sobre mis progresos en “cómo seguir soltera a los treinta y no morir en el intento”.

By nina

Fauna de gimnasio

06/02/2011

Reúno dos características que juntas son una mala combinación: predisposición a engordar y pasión por el chocolate y por los planes de cañas y tapeo con los amigos.  Y como una reivindica lo de ser mujer puchero con todos sus avíos pero no quiere dejarse la salud en ello, y lo de convertirse en una de esas cuentacalorías que amarga las cenas a sus amigas a la voz de “pero tú sabes cuánto engorda eso que te estás zampando?” está descartado, no me queda otra que intentar practicar ejercicio regularmente, para lo cual estoy matriculada a un gimnasio. Y a veces hasta voy y todo, nos os vayáis a pensar.

 

Puesto que llevo yendo a gimnasios desde hace una década, he tenido tiempo a hacer observación y constatar que hay una serie de estereotipos clásicos que se encuentran en la clientela de cualquier gimnasio: nunca fallan.

 

Uno de los clásicos es el ciclado brasas. Se trata de ese ser lleno de bultos y venas por doquier que habita en la sala de musculación (da igual la hora del día a la que vayas, siempre te encuentras con él) y que no desperdiciará oportunidad de alardear ante cualquier incauto del peso que levanta, las repeticiones que hace o todos los detalles de la dieta que sigue para mantener su musculatura. Algunos de estos, a base de tirarse horas allí llegan a convencerse de que las máquinas son casi de su propiedad, y llevan muy mal que los enclenques y débiles clientes sin voluntad del gimnasio con metas tan pobres como “perder peso y tonificar” pasen tiempo ocupando las máquinas (casi podríamos decir “sus” máquinas)  para sus ridículas rutinas.

 

También está el fantasma-ligón de gimnasio. A este también le gusta vacilar de sus logros en las máquinas (bastante más modestos que los de los ciclados brasas, por otro lado), eso sí, sólo delante de las jovencitas de buen ver y con la intención de poder pasar así a otro tipo de ejercicio más horizontal (y no, no me refiero al banco de abdominales). Lo reconocerás porque es el que se pilla la mancuerna de cinco kilos y se coloca al lado de la jovencita recién matriculada al gimnasio que hace repeticiones de brazo con la de dos, mirándola con cara de “has visto lo que hago, ¿nena?”.

 

Tenemos, por supuesto, a uno de los objetivos naturales del anterior. La Barbie gimnasio. Tiene que ir siempre monísima de la muerte, y ahí la verás en las máquinas con el maquillaje, el conjuntito de mallas y top en rosita y el sujetador con push up (nadie que tenga algo que sujetar y que realmente piense trabajar lo más mínimo se va a presentar con un push up en el gimnasio, porque aparte de que puedes hacer un revival de aquella célebre actuación de Sabrina en una nochevieja del ochentaynosécuantos, puedes acabar viendo las estrellas de tanto salto sin sujeción..) . Naturalmente pasará tela del fantasma-ligón y se dedicará a ligar con el monitor más buenorro que haya.

 

Si llegar al nivel de obsesión del ciclado brasas, tenemos también a los irreductibles del gim. No fallan un solo día, van siempre conjuntadísimos con prendas de primeras marcas, se colocan siempre en primera fila y en las clases de grupo suelen jalear al monitor para que dé más caña cuando los demás ya estáis echando el hígado por la boca. Son el equivalente de gimnasio al empollón repelente que siempre levantaba la mano en clase para contestar al profe y que aplaudía cuando te ponían un examen sorpresa.

 

En casi todos los gimnasios está, además, el torpe. No me refiero a la gente que acaba de empezar y que todavía no le ha pillado el truco a la clase, o a la gente con poca forma física que se cansa y se para a menudo, no. Me refiero al torpe con mayúsculas, el arrítmico, esa persona que SIEMPRE hará lo contrario que el resto, chocándose con todo el mundo, así se lleve haciendo la misma coreografía cuatro meses y el resto la puedan hacer sonámbulos. Lo distinguirás cuando entres en una clase rebosante de gente, con todo el mundo apiñado, y de golpe encuentres un inmenso hueco en un lado de la sala y pienses “uy, qué tontos, agolpados todos con la de sitio que hay aquí”. Naturalmente, el que tienes al lado es el torpe. Prepárate a una hora de diversión evitando evitar que se choque contigo.

 

Y estamos el resto. Los que alternamos temporadas de entusiasmo con temporadas de no pisar por el gimnasio ni de casualidad, o los que vamos con cierta regularidad pero un par de veces a la semana una horita. Por nuestras mallas del Decathlon o del Primark y por nuestras camisetas de publicidad de JB o de fiestas de facultad  nos reconoceréis…

By Miss Murphy

Horrores estilísticos

05/31/2011

Querida Maripepi:

uno de los grandes mandamientos del maripepismo es que la moda se tiene que adaptar a tí y a tus divinas curvas, no tú a la moda. Hay horrores estilísticos que debes evitar como las uñas mal pintadas o el pelo sin sérum en las puntas.

Divina mía, el cinturón bien puesto es bello, pero mal puesto te convierte en un salchichón mal atado sin remedio. Si tienes una pechuga generosa ten cuidado a la hora de ponerte un cinturón ancho en la cintura, para que no sobresalga por arriba la pechuga y por abajo la lorza asesina.

Los zapatos los carga el diablo. Ese mestizaje de vestido con zapatillas puede quedarle megadivino a la Moss, que hasta su producto interior bruto tiene purpurina y vale miles de dólares, pero a tí te puede quedar algo así como “no sabía qué ponerme para parecer moderna hoy”.Lo mismo con los tacones, si no tienen una horma cómoda da igual lo bonitos que sean, parecerás Chiquito de la Calzada montada en dos andamios rebeldes.

Querida mía, una cosa es apuntarte al “color block” y otra parecer la prima de los payasos de Micolor. A la Carbo le queda genial ese conjunto, a tí te puede quedar más divino todavía o ir hecha una piltrafa sin remedio.

¿Que quieres llevar esos pantalones megadivinos a lo Aladino? De ir fashion a ir perroflauta-culopandero hay poco camino…

Seguro que se te ocurren más ejemplos, excelsa mía. Habla, habla por esa boquita de piñón y que el maripepismo te ilumine para no terminar hecha un adefesio.

Guía de supervivencia para currantes quemados

05/30/2011

Hoy en día, con la tasa de paro que hay, si estás trabajando parece hasta delito quejarse, pero admitámoslo: hay veces que te tocan en suerte unos ambientes de trabajo que te hacen preferible irte al paro, o dejarlo todo e irte a una playa paradisíaca a hacer pulseras y sobrevivir con el sistema del trueque. O, directamente, que te dan ganas de montar un expediente de regulación de empleo en tu empresa al estilo USA: llegando a la oficina con un rifle.  Pero antes de tomar medidas extremas hay que considerar que para cumplir condena en un piso de lujo en Nueva York hay que ser presidente del FMI y que los delincuentes mileuristas acaban entre rejas, así que conviene buscar la forma de sobrevivir… hasta que otro trabajo o un euromillón nos permitan presentar la carta de dimisión y el corte de mangas.

Y como ser maripepi no está reñido con ser curranta y las aquí presentes sabemos lo que es trabajar y volver a casa más quemadas que un guiri en Benidorm, he aquí unas pequeñas ideas que, si bien no resolverán mágicamente vuestro entorno laboral, pueden ayudar a hacerlo más llevadero.

1.- Identifica al trepa y guarda las distancias. En todas partes hay alguno. Sí, uno de esos personajes que quieren llegar arriba a toda costa, caiga quien caiga, besando los culos que tenga que besar (metafórica o literalmente) y apuñalando a quien haya que apuñalar para ir subiendo puestos en el escalafón. Y aunque habrá quien piense que llevarte bien con uno de estos ejemplares te aseguras un trato de favor cuando ascienda, teniéndote cerca le quedas muy a mano para apropiarse de tus ideas, cargarte sus marrones o venderte miserablemente si en algún momento le conviene. Es el tipo de persona capaz de “chivarse” del tiempo que perdiste tomando cafés, aun cuando los cafés los tomaras con ella y por iniciativa suya. Mucho mejor limitarte a un trato educado y correcto, pero sin profundizar lo más mínimo. Si ni llega a recordar tu nombre, tanto mejor para ti.

2.- ¿En tu trabajo hay conspiraciones, juegos de poder, apuñalamientos varios, grupitos enfrentados? Puedes implicarte,  absorber todo ese mal rollo y acabar estresada perdida, o puedes desvincularte y tomártelo como un reality que están ofreciendo para amenizar tus ratos laborales. Naturalmente, para esto es muy útil pertenecer a la categoría laboral de “último mono”, a.k.a. currante raso sin cargo alguno. Júntate con otros últimos monos junto a la máquina de café (evitando al trepa, recuerda siempre evitar al trepa) y comentad el enésimo enfrentamiento entre el jefe de tu sección y el jefe de la sección de al lado, o la defenestración del jefecillo que volvió de un puente y se encontró a otro tío en su mesa, sus claves y contraseñas cambiadas y sus cosas en una caja de cartón con “Bon Voyage” escrito a los lados con rotulador rosa fosforito.

3.- Pon apodos. Sí, es infantil, pero si en el instituto llamarle “Flanders” al de Filosofía te ayudaba a sobrellevar mejor el hecho de tener que aguantarle, ahora no tiene por qué ser diferente.  Sólo tienes que recordar no llamar a tus superiores por sus apodos, a menos que, como me pasó a mí en una ocasión, se dé una gloriosa casualidad como tener un jefe calvo apellidado Calvo. Tenía que llamar a toda la plantilla por sus apellidos para que no cantara tanto, pero ah, qué liberador era…

4.-“Ficha” a alguien. Otra técnica rescatada de los tiempos de instituto. Si a los 16 se te hacía más llevadero que llegara el lunes para ver al rubio de COU A en el recreo (sí, yo hice COU, no Bachillerato, soy viejuna), a los treintaytontos se te puede hacer más llevadero volver a currar si te vas a encontrar al moreno de contabilidad o a la pelirroja de administración (según las tendencias de cada cual) junto a la fotocopiadora. Aunque no tiene por qué pasar de lo platónico y del tonteo muy light, por si las moscas –y “las moscas” suelen ser los litros de alcohol que corren en las cenas de empresa- mejor que te plantees como objetivo a alguien de tu misma jerarquía laboral. Porque tirarle los tejos al jefe da fama de trepa, y tirarle los tejos al subordinado (o subordinada) puede terminar en demanda.

5.-Promueve la actividad de coaching y unidad de equipos de trabajo más antigua y más tradicional de estas tierras: las cañas de después del trabajo. Si en tu empresa hay al menos una o dos personas no trepas y tan quemadas como tú, quedad al terminar la jornada para despellejar a todos (sobre todo al trepa del punto número 1) y comentar las conspiraciones y juegos de poder. Como en el punto 2, pero con cañas de por medio.

6.- Canaliza creativamente tu mala leche laboral: escribe un blog. Escribir es un desahogo estupendo, puedes conocer a otros blogueros igual de quemados que tú para daros apoyo moral, y, admitámoslo, en muchos trabajos se dan situaciones tan surrealistas que, si bien en el momento de vivirlas te dan ganas de hacer un remake de “un día de furia”, narradas por escrito con algo de gracia y grandes dosis de ironía y mala leche resultan grandes piezas cómicas que pueden alegrar el día a otros trabajadores tan hasta las pelotas como tú. Así que, si en tu empresa os han comunicado que para ahorrar gastos cada uno ha de traer su papel higiénico de casa, si empezaste a trabajar de periodista al mismo tiempo que la Campos y aún tienes contrato de becario, si eres dependienta en una tienda de ropa y las señoras te piden el libro de reclamaciones porque los vestidos no le sientan igual que a la modelo del catálogo o si eres médico y te ha venido uno por urgencias para que le trates la caspa porque tiene una cita y quiere dar buena impresión, compártelo con el mundo…

By Miss Murphy

¿Te ayudo con el coche, vida?

05/26/2011

Una de las cosas en las que más se notan que, por más que nos digan que el feminismo está obsoleto y que en occidente la desigualdad no existe, para algunas cosas ser mujer es más estrsante, es con el coche. Porque más de una vez he ido yo por la calle y me he encontrado a algún conductor aparcando de forma un tanto torpe y he pensado “si no enderezas antes no lo metes”, pero no me he plantificado a su lado y he empezando a hacer indicaciones con los brazos, ni muchísimo menos le he dicho “¿Quieres que te lo aparque yo, precioso?”.  Tampoco he visto nunca que un hombre se acerque a otro conductor en términos similares (quitando a los gorrillas que luego te piden pasta, claro). Y sin embargo, si eres chica y te enfrentas a un aparcamiento (o salida de aparcamiento) un poco peliagudo, a la primera maniobra dudosa –o a veces antes mismo de encender el motor- es fácil que tengas a algún brasas a tu lado diciendo “tienes que girar para aquí, dale, dale, endereza”…

Pongamos un ejemplo al azar: una joven maripepi, tras nueve horas de trabajo y dos o tres horas de estudio en la biblioteca de la universidad, decide que sus neuronas ya están pidiendo clemencia y que son horas de volver al hogar. Como suele suceder en el parking de la universidad cuando está muy concurrido, una vez se han acabado las plazas delimitadas para aparcar en batería, la gente ha empezado a aparcar en línea justo en el centro, creando una especie de línea continua de coches que divide el camino para entrar y salir en dos minicarriles. Con eso no sólo te obligan a dar toda la vuelta a los coches aparcados para evitar a los que entren cuando vas a salir, sino que tienes que medir el espacio al sacar tu coche o tienes bastantes posibilidades de darle a los que han aparcado en el medio y medio (lo cual, considerando que han dejado el coche estorbando, tampoco voy a decir que me fuera a provocar un remordimiento tremendo).

Según nuestra joven maripepi se acerca al parking, llave del coche en mano, un fulano le dice:

–         ¿Vas a salir, vida?

–         Mñsí –rosma por lo bajo la maripepi, a la que le jode mucho que desconocidos y/o dependientas de las tiendas de ropa le llamen vida, cari, cielo o cursiladas similares.

–         Pues si no me dices de dónde a ver cómo meto el mío….

–         Ves el coche cuya puerta estoy abriendo? Pues de ahí -.Sieeeeempre hay un tocapelotas. El parking es ridículamente pequeño y desde el otro extremo podrías contarle las pulgas a un caniche, como para no ver qué coche sale.

Nuestra maripepi se mete en el coche dispuesta a maniobrar, y ve que el fulano que quiere su plaza se ha colocado delante de ella, por lo que va a tener que sacar el coche en sentido contrario al que tenía previsto. Lo bueno es que va más directa a la salida, lo malo que como alguno pretenda entrar a la vez se va a montar un pifostio.

Sacar un coche aparcado en batería cuando te han limitado a la mitad el espacio de giro es algo chungo. Si llevas más de doce horas sin parar entre trabajo y estudio, tampoco es que estés excesivamente ágil, así que nuestra maripepi hizo una primera maniobra para intentar sacar el coche, vio que así estaba difícil y lo metió otra vez para volver a salir pegándose menos al de al lado. Error, craso error. Al momento tenía al lado al tocahuevos de antes dándole golpecitos en la ventanilla:

-Uuuy, vida, así no lo sacas, eh? Quieres que te ayude?

-No, gracias. No me gusta que me den indicaciones. –ventanilla subida de nuevo. Cara de pocos amigos. El tío que no se pira. Nuevo intento de girar sin pegarse al de al lado y, además, sin atropellar al tocahuevos. Evidentemente, con el segundo factor en juego, el intento tampoco fue muy bueno.

-Así no, así no… gira para allá, para allá…

Se acercan otros dos tíos y el tocahuevos les informa:

-Mirad, si es que le estoy diciendo que así no, que le va a dar al otro, que gire para allá., mirad, mirad.

Los otros dos se acercan a comentar la jugada. Ahí la maripepi pierde la paciencia, les dice que se vayan a tomar por culo que nadie les ha pedido clases de nada, y pillan la sutil indirecta y se piran. Los dos acoplados, quiero decir. El tocahuevos sigue ahí:

-A ver, mira, gira para el otro lado. –Ni de coña. Llevar el coche como dice implicaría rayazo del quince al de al lado. La maripepi ya está hasta los ovarios.

-Mira, tío, a ver cómo te lo digo. Estoy muy cansada, me he levantado a las seis de la mañana y no esto y para..

-Uy, pues yo a las seis y media.

-Pues ya te has levantado más tarde ,y además yo no he ido a tocarte los cojones a ti así que me es indiferente.

– ¿Quieres que te lo mueva yo, vida? Que es que noto que te estás poniendo nerviosa…

Ahí la maripepi ya vio que estaba a punto de pasar de todo, sacar el coche a lo bestia sin importarle cuántos coches pudiera rayar o abollar, y atropellar repetidamente al “vida” de los cojones. Y como sería muy triste acabar en la carcel a menos de tres meses de las vacaciones, decidió bajarse del coche, cerrarlo y volverse a la cafetería de la facultad. El fulano que quería el sitio, que se buscara la vida.

Quince minutos y un café después, el tocahuevos seguía dentro de su coche parado en la plaza de discapacitados. La maripepi vuelve a su coche. Ve que el tío hace amago de salir del suyo, así que pone la música a toda pastilla como sutil mensaje de “di lo que te salga de los cojones que no te pienso hacer ni puto caso”. El fulano debe pillar el mensaje porque se queda al lado de su propio coche. Como hay otro coche parado en el sentido en el que pensaba salir antes, y el coche del tocahuevos está en la plaza de discapacitados en vez de cortando el camino, la maripepi decide girar en sentido contrario al que le sugerían antes y, oh, sorpesa, aunque necesita varias maniobras porque el espacio es reducido, sale sin grandes problemas sin que nadie le haga indicación alguna.

Curiosamente, según salía del parking vio por el rabillo del ojo que el tocahuevos no hacía amago alguno de mover su coche a la plaza que acababa de dejar libre…

Miss Murphy

Celestinas

03/01/2010

Lo peor de ser de las pocas que quedan solteras de tu grupo de amigas es que a muchas mujeres, una vez se han emparejado, les da por buscar pareja a las amigas que se están quedando rezagadas de la manada . Vale, no: lo peor es que, en el momento en que toman la decisión de buscarte novio, llevan tanto tiempo abducidas por la vida parejil , que son incapaces de recordar cómo funciona el arte de la seducción y el tonteo. Da igual que en sus tiempos de soltería pudieran escribirse guiones de Sexo en Nueva York basados en sus aventurillas: una vez emparejadas, han formateado el disco duro, han borrado todos esos conocimientos y se lanzan a la aventura de buscarte maromo, aún contra tu voluntad, con la estrategia y la sutileza de una treceañera en su primera sesión de discoteca light diciéndole a un compi de clase que “¡jijijiji, Borja Jonathan, a Mari Vane le mooooolas!”. Con lo cual, si una amiga emparejada decide jugar a las casamenteras contigo, tienes todos los papeles para hacer más el ridículo que si te presentaras al casting de Fama bailando “los pajaritos”.

Una de las cosas a tener en cuenta es que, por lo general, tu amiga no va a esperar para desplegar tus artes a que tú muestres interés por alguna persona en concreto. Pa qué, si ella siempre conoce a algún chico majísimo, generalmente un amigo de su novio, con el que seguro que pegarías estupendamente. Aquí lo bueno es que, según los adjetivos que use para describir al interfecto, ya te puedes hacer una idea de lo que te espera. Si el chico es “majísimo”, es feo; si es “una buenísima persona”, además de feo es más soso que la comida de hospital; si es “superdivertido”, espérate desde arias de ópera interpretadas a eructos,  a que se ponga a hacer calvos por la ventanilla del coche. Si el chico es “guapísimo”, espérate lo peor, porque muy insufrible tiene que ser un tío bueno para que la única forma de ligar que tenga sea que la novia de un amigo lo intente encasquetar en una cita a ciegas. Si “tenéis mucho en común, él también está hablando siempre de política y cosas de esas” …, pues vale, pero tú eres de Izquierda Unida y es candidato a concejal de su pueblo por la Falange. Y es que la amiga emparejada que se mete a celestina considerará ideal para ti a gente a la que ella no habría tocado ni con un palo, y te tachará de tiquismiquis si rechazas a chicos “encantadores” por pequeños defectillos como participar en competiciones de tunning, llevar en el móvil el politono del Cara al Sol o ver a duendecillos verdes que le ordenan quemar cosas si se olvidan de tomar su medicación.

Muchas veces, de todas formas, tu amiga no te deja caer previamente lo de: “Pues tiene Juan un amigo más majo…”, porque sabe que así te pone en guardia y puedes buscar la forma de escaquearte. Es más habitual que te invite a picotear algo en su casa, y te encuentres mesa puesta para cuatro, unas velitas, a su novio, y a un tío al que no conoces, y del que te dice que se llama Paco, pongamos por caso, y que tenía muchas ganas de conocerte (“muchas ganas” subrayado con guiño y/o codazo).

En otros casos, no obstante, tu amiga no quiere encasquetarte a un tío al que ella conoce, sino ayudarte a ligar con un tío al que ya conoces tú. Y digo “que ya conoces” así en genérico, porque cualquier tío con que tengas la ocurrencia de intercambiar dos palabras la noche en la que sales de fiesta con tu amiga emparejada (no digamos ya si tu amiga emparejada llevaba sin salir de farra desde la Nochevieja de la empanadilla de Martes y Trece, y al segundo malibú con piña está más tajada que Massiel de botellón), se convierte automáticamente en “ese- chico- me- gusta –para- ti; así que intentará ayudar a encender la chispa con frases sutiles como “¿a que es maja y guapa mi amiga? ¡Pues está soltera y disponible!” o “¡que se besen, que se besen, que se besen!” . Situación que puede hacerte pasar cierto corte con un desconocido que sólo se acercó a pedirte fuego; abochorna bastante si se trata de un compañero de clase, o de trabajo, o de un amigo de amigos. Y puede hacerte desear que se te trague la tierra si se trata de tu profesor, tu jefe, o algún cliente megaimportantísimo de tu empresa al que te has encontrado de forma casual y te acercaste a saludar por educación. Que se te trague la tierra, o que se trague a tu amiga, claro.

Miss Murphy