De bodorrios…


Una de las cosas en las que más se va notando en qué fase de tu vida estás es en el tipo de fiestas a las que te invitan.  Si tu vida social consiste principalmente en fiestas de cumpleaños con tarta de chocolate, chucherías y pitusa cola en casa de algún amigo, estás en la más tierna infancia. Si tu vida social consiste principalmente en fiestas de cumpleaños con chocolate (del de la tarta no, de otro)  y calimocho en algún parque, estás en la adolescencia. Y una vez llegas a la edad adulta, empiezan a caerte invitaciones a bodas por doquier. Que también comes y bebes, pero tienes que ir más arreglado y para el regalo no vale con poner cinco euros de bote cada uno de la pandilla para comprar algo en el Freshka. De hecho, ahora que estoy entrando en la espiral de las bodas, entiendo un poco por qué el PP se quiere cargar el matrimonio homosexual. No es que sean homófobos como yo creía, es que tienen amigos gays y claro, ahora tienen que ir a más bodas que antes…

 

Conste que hay bodas que te hacen ilusión. Sobre todo una: la primera boda del grupo más cercano de amigos. Esa la sueles vivir en grande, os lo pasais genial organizando la despedida, y los regalos, y las tropecientas mil pijaditas para amenizar la ceremonia, y os sentais todos juntos en la misma mesa, y os pasais la cena gritando “que se besen, que se besen!”. Lo malo es que luego se produce el efecto contagio, todos tus amigos emparejados empiezan a anunciarte que también se casan en un brevísimo espacio de tiempo, y tal vez cuando la primera de tus amigas te anunció su boda se te escapó una lagrimita de emoción, pero a la quinta en el mismo año, se te caen las lágrimas también, pero de pensar en cómo vas a sobrevivir con la pasta que te vas a dejar en regalos, vestidos y demás.

 

Hay un tipo de boda que toca especialmente las narices, y es la boda a la que vas en calidad de acompañante: a los novios los conoces de veros dos veces, si es que los conoces, pero son intimísimos de tu media langosta, y él se empeña en que le acompañes .Y tal vez acabas cediendo por amor, o porque dentro de dos meses tienes una boda insufrible de la más aburrida de tus primas y piensas exigir que te devuelva el favor acompañándote (y conduciendo para que puedas tajarte a gusto). Y claro, si es la boda de uno de los de su pandillita habitual y ya estás integrada en su grupo podrás pasarlo bien, pero si los conoces poco todavía, o no te llevas bien con ellos, o directamente no los conoces porque no son los habituales sino sus colegas de la universidad, o de cuando era boy scout, o cualquier cosa similar, corres el riesgo de acabar poniendo cara de Gioconda mientras tu maromo y los colegas a los que ve una vez cada cuatro años bisiestos se descojonan rememorando batallitas de los viejos tiempos.

 

Aunque para sentirte descolgada, de todas formas, no hace falta ir ejerciendo de consorte. También es habitual que te invite a su boda esa amiga que conservas de la infancia, o de la universidad, o de tu oscuro pasado en el club de fans de Pijandro Sanz, y no conozcas a nadie de su círculo de amistades habitual. En estos casos, que la boda sea divertida o un suplicio depende del criterio de tu amiga al ubicarte en el banquete y de la capacidad integradora de sus amigas. Si tiene un grupillo de amigos sociable y enrollado dispuesto a adoptarte, puedes pasártelo genial. Pero también puede ser que sus amigos sean más sosos que una dieta para la  hipertensión, que sean más endogámicos que un poblado amish y no se molesten en integrarte, o que tu amiga directamente te siente en alguna mesa chunga de “descartes” con más descolgados: con su tío abuelo solterón de setenta tacos, las primas amargadas a lo Patty y Selma y el jefe del novio que se ha autoinvitado por el morro, o alguna combinación igual de escalofriante.

 

Y luego están las bodas de tu familia. Que aquí todo depende del tipo de parentela que tengas. Tengo amigos suertudos que tienen un batallón de primos de edades similares, que se llevan todos genial y se lo pasan de muerte en cualquier reunión familiar. Y luego estamos los que apenas tenemos familiares de nuestra generación  (quitando un par de primas ya casadas y mamás que se dedican a contarte su parto, episiotomía incluida, durante el banquete) y nos ha tocado en suerte una familia más “tradicional”. Los que estamos en esta tesitura tenemos que tajarnos disimuladamente (con la ancestral técnica de rellenar la copa a poquitos de forma clandestina para que siempre parezca que apenas hemos bebido), para soportar tópicos de conversación como:

 

A)    Pues con Franco vivíamos mejor (criarte en familia mayoritariamente de derechas implica una sesión de apología de la dictadura cada vez que los mayores se han bajado un par de brandys, pero esto me puede dar para otro post)

B)     ¿Y tú para cuando? (La tía cotilla que todas tenemos)

C)    ¿Luego me echarás un baile, no? (El marido salidorro que tienen todas las tías cotillas que todas tenemos).

La muerte en bolsitas, porque además no puedes recurrir a los recursos básicos para entretenerte en una boda (exprimir la barra libre hasta que no distingas Paquito el Chocolatero de Fiesta Pagana y/o ligar con algún otro invitado) sin montar un cisma.

 

Y todo eso por no hablar del gran anticipo de las bodas: la despedida de soltera, que deberá quedar para otro post…

 

Miss Murphy

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4 comentarios to “De bodorrios…”

  1. Petita Says:

    Jajajaja, me he descojonado yo sola, se lo voy a psar a una amiga mia que se casa en breve, aunque ésta es del grupo chachi de boda emocionante. Yo en ciernes tengo una de las de descuelgue, quiero mucho a la novia pero hace que no la veo….mmmm ¿seis años? Confio como bien dices, en los acompañantes de mesa, si no…puede ser terrorifico.
    Ahhh, se te ha olvidado en las bodas familiares, aquel tio lejano o marido de tia cotilla que siempre acaba con una servilleta en la cabeza…

  2. Sophie Says:

    Yo he sufrido ya un par de bodas en las que nos han sentado con descartes y en una de ellas me tocó un pesaíto que quería mi número de teléfono al saber que era médico “para poder consultarte cuando mi mujer o yo nos pongamos malos”. En la otra no sabíamos bien de qué hablar y yo estaba loca porque llegara el momento barra libre.
    Tener 5 bodas en un año no mola, sobre todo porque por culpa del Facebook no puedes ponerte tres veces el mismo vestido para bodas superdistintas y con imposibilidad total de coincidir los invitados de una u otra, no es plan que te digan “ah, tía, ¿más fotos de la boda al cabo de dos meses?”. Pues eso xD

  3. MissMurphy Says:

    Yo para el año tengo una, de la típica amiga a la que conoces desde siempre porque nuestras madres son íntimas, pero que cuenta como boda familiar ya que mis padres están invitados y no conozco a nadie de “nuestra edad”. (Bueno, sí, a su primo que cuando teníamos 6 años me pegaba porque no quería ser su novia. Por suerte ya se le pasó la manía, creo,porque me saca cuatro cabezas y 50 kilos, tirando por lo bajo). Y encima es boda por la iglesia y han elegido una bonita ermita rural en un campestre paisaje… vamos, en medio del prado y sin un triste bar cerca donde escaquearse de la misa!

  4. nina Says:

    La próxima que se case cobra… Creo que me he visto en todas las situaciones anteriores. Y, lo peor de todo, ya no es la boda en sí, es la MESA. Como sea una boda familiar y te toque con los primos pesaditos te dan ganas de empezar la operación Tocata y Fuga nada más sentarte.
    Lo de ¿tú para cuando? me mola más preguntarlo en los funerales. Qué quereis, es una opción…

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