Las guías de Miss Murphy para la vida: cómo trepar sin dar ni chapa


En estos tiempos de paro a raudales, mucha gente aguanta carros y carretas con la creencia de que si eres el que más da el callo, más posibilidades tendrás de sobrevivir a despidos, ERES y demás. Meeeeec, error. Eso sería lo que  pasaría si imperara el sentido común, pero este es el país en el que los imputados por corrupción ganan elecciones por mayoría absoluta y una semianalfabeta famosa por haber tenido una hija con un torero es ídolo de masas, así que el sentido común no va con nosotros.

 

Vale, probablemente si renuncias a todos tus derechos y te dejas explotar en unas condiciones dignas de una plantación esclavista de algodón del siglo XIX se queden contigo porque otro chollo así no lo encuentran, pero si, sin llegar a ese nivel extremo, eres una persona currante y cumplidora, tienes bastantes papeles para acabar cargando con culpas de todo tipo, debido a ese viejo principio de sentido común que indica que el único que puede cagarla en un trabajo, es aquel que lo está llevando a cabo.  Así que aquí va una pequeña guía  para mantener el trabajo e ir trepando sin rascarla demasiado, que he elaborado estudiando en su hábitat natural a ejemplares de la fauna laboral que han ido mejorando posición y sueldo haciendo como que trabajan.  De hecho, yo misma voy a ponerlo en práctica en cuanto termine mi entrenamiento de endurecimiento de los músculos faciales. Porque, eso sí, hace falta una cara de hormigón armado. Son sólo tres sencillos pasos: no vamos a sobrecargarnos con más ideas, que va contra el espíritu de este tipo de trepa…

 

La regla básica número uno es que, mucho más importante que hacer cosas, es que te vean hacer cosas.O que te vean haciendo como que las haces, valga la redundancia. Un currante puede cometer el error de tirarse cinco horas currando ininterrumpidamente a máxima concentración sin parar un segundo y, con la ingenuidad que da tener la conciencia tranquila,  hacer una pausa para pedir un café/ir al baño/descansar la vista del ordenador, justo en el momento en que los jefazos andan por ahí..O son capaces de llegar un rato antes para adelantar trabajo, aunque a primera hora no te ve ni dios, para así acabar su parte y salir a su hora.Mal hecho. El buen trepa puede pasarse la jornada laboral hablando con su churri por el teléfono de empresa, pero tiene un sentido arácnido para detectar la proximidad del jefe y ponerse a trabajar justo en ese momento. También es últil salir un ratito después de tu hora. No hay que quedarse mucho, con esperar a que se vayan tus compañeros (o parte de ellos) vale. Si tu trabajo te lo permite, puedes matar ese tiempo viendo videos de perros graciosos en el youtube o comprando en ebay.

 

Regla número dos: no basta con fingir que se trabaja y punto, porque claro, con eso como mucho salvas el culo pero te confundes en la masa con la gente que está currando de verdad.Si quieres llegar lejos, tienes que dar la impresión de que tu trabajo es el más arduo de todos. Así que pon cara de máxima concentración aunque estés puntuando chonis en “votamicuerpo.com”, suelta algún taco de vez en cuando y quéjate de que el ordenador/impresora/teléfono/calculadora no va todo lo rápido que necesita para poder seguirte el ritmo en tu labor cotidiana, y cuando interrumpas tu tarea para labores tipo abrir la puerta cuando llaman, poner papel en la impresora o atender el teléfono que suena, procura que tooooda la oficina se entere de que has tenido que levantarte porque esas cosas, si no las haces tú, no las hace nadie.

 

Regla número tres: Siempre hay alguien a quien echar las culpas si la cagas. Si ya estás en un puestecillo de cierta responsabilidad con gente a tu cargo lo tienes a huevo, siempre podrás decir que se lo encargaste a un subordinado y la cagó (lo que puede ser perfectamente porque, si sigues esta técnica, en el momento en que tengas gente a tu cargo JAMÁS volverás a hacer nada, desviarás los marrones a otros. Lo que eufemísticamente llamarás “saber delegar”). Los becarios son otro clásico de cargarse las culpas ajenas. En cualquier caso, lo importante aquí es recordar que la mejor defensa es un buen ataque: si la has cagado e intuyes una reprimenda, tienes que llegar hecho una furia, elegir tu chivo expiatorio, irte contra él a cara perro y servirle su cabeza en bandeja a los jefazos supremos antes de que lleguen a señalarte. ¿No hay una persona a mano a la que echar la culpa? Recurre a la rebelión de las máquinas (el ordenador me falló/no me dormí, el coche de empresa que es una mierda y no arrancaba, ponedme un audi/ese cliente no me llamó, o será que falló esta mierda de blackberry, necesito un modelo más actual) o en último caso, a la frase magistral de Homer de “estaba así cuando llegué”…

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2 comentarios to “Las guías de Miss Murphy para la vida: cómo trepar sin dar ni chapa”

  1. Sophie Says:

    He visto la luz. He tenido una revelación. Has plasmado lo que he visto a hacer a muchas personas que yo me preguntaba cómo habían logrado el éxito si eran más flojas que un muelle de lana.

    ¿Qué hago, soy honrada y sigo siendo trabajadora o sigo tus consejos y me aseguro triunfar a lo grande?

  2. Petita Says:

    Creo que muchos de los que están en mi trabajo, siguen esas normas. Madre de dior, creo que debo dejar de ser tan pringada, peor es que mi naturaleza es así.

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