Archive for 31 mayo 2011

Horrores estilísticos

05/31/2011

Querida Maripepi:

uno de los grandes mandamientos del maripepismo es que la moda se tiene que adaptar a tí y a tus divinas curvas, no tú a la moda. Hay horrores estilísticos que debes evitar como las uñas mal pintadas o el pelo sin sérum en las puntas.

Divina mía, el cinturón bien puesto es bello, pero mal puesto te convierte en un salchichón mal atado sin remedio. Si tienes una pechuga generosa ten cuidado a la hora de ponerte un cinturón ancho en la cintura, para que no sobresalga por arriba la pechuga y por abajo la lorza asesina.

Los zapatos los carga el diablo. Ese mestizaje de vestido con zapatillas puede quedarle megadivino a la Moss, que hasta su producto interior bruto tiene purpurina y vale miles de dólares, pero a tí te puede quedar algo así como “no sabía qué ponerme para parecer moderna hoy”.Lo mismo con los tacones, si no tienen una horma cómoda da igual lo bonitos que sean, parecerás Chiquito de la Calzada montada en dos andamios rebeldes.

Querida mía, una cosa es apuntarte al “color block” y otra parecer la prima de los payasos de Micolor. A la Carbo le queda genial ese conjunto, a tí te puede quedar más divino todavía o ir hecha una piltrafa sin remedio.

¿Que quieres llevar esos pantalones megadivinos a lo Aladino? De ir fashion a ir perroflauta-culopandero hay poco camino…

Seguro que se te ocurren más ejemplos, excelsa mía. Habla, habla por esa boquita de piñón y que el maripepismo te ilumine para no terminar hecha un adefesio.

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Guía de supervivencia para currantes quemados

05/30/2011

Hoy en día, con la tasa de paro que hay, si estás trabajando parece hasta delito quejarse, pero admitámoslo: hay veces que te tocan en suerte unos ambientes de trabajo que te hacen preferible irte al paro, o dejarlo todo e irte a una playa paradisíaca a hacer pulseras y sobrevivir con el sistema del trueque. O, directamente, que te dan ganas de montar un expediente de regulación de empleo en tu empresa al estilo USA: llegando a la oficina con un rifle.  Pero antes de tomar medidas extremas hay que considerar que para cumplir condena en un piso de lujo en Nueva York hay que ser presidente del FMI y que los delincuentes mileuristas acaban entre rejas, así que conviene buscar la forma de sobrevivir… hasta que otro trabajo o un euromillón nos permitan presentar la carta de dimisión y el corte de mangas.

Y como ser maripepi no está reñido con ser curranta y las aquí presentes sabemos lo que es trabajar y volver a casa más quemadas que un guiri en Benidorm, he aquí unas pequeñas ideas que, si bien no resolverán mágicamente vuestro entorno laboral, pueden ayudar a hacerlo más llevadero.

1.- Identifica al trepa y guarda las distancias. En todas partes hay alguno. Sí, uno de esos personajes que quieren llegar arriba a toda costa, caiga quien caiga, besando los culos que tenga que besar (metafórica o literalmente) y apuñalando a quien haya que apuñalar para ir subiendo puestos en el escalafón. Y aunque habrá quien piense que llevarte bien con uno de estos ejemplares te aseguras un trato de favor cuando ascienda, teniéndote cerca le quedas muy a mano para apropiarse de tus ideas, cargarte sus marrones o venderte miserablemente si en algún momento le conviene. Es el tipo de persona capaz de “chivarse” del tiempo que perdiste tomando cafés, aun cuando los cafés los tomaras con ella y por iniciativa suya. Mucho mejor limitarte a un trato educado y correcto, pero sin profundizar lo más mínimo. Si ni llega a recordar tu nombre, tanto mejor para ti.

2.- ¿En tu trabajo hay conspiraciones, juegos de poder, apuñalamientos varios, grupitos enfrentados? Puedes implicarte,  absorber todo ese mal rollo y acabar estresada perdida, o puedes desvincularte y tomártelo como un reality que están ofreciendo para amenizar tus ratos laborales. Naturalmente, para esto es muy útil pertenecer a la categoría laboral de “último mono”, a.k.a. currante raso sin cargo alguno. Júntate con otros últimos monos junto a la máquina de café (evitando al trepa, recuerda siempre evitar al trepa) y comentad el enésimo enfrentamiento entre el jefe de tu sección y el jefe de la sección de al lado, o la defenestración del jefecillo que volvió de un puente y se encontró a otro tío en su mesa, sus claves y contraseñas cambiadas y sus cosas en una caja de cartón con “Bon Voyage” escrito a los lados con rotulador rosa fosforito.

3.- Pon apodos. Sí, es infantil, pero si en el instituto llamarle “Flanders” al de Filosofía te ayudaba a sobrellevar mejor el hecho de tener que aguantarle, ahora no tiene por qué ser diferente.  Sólo tienes que recordar no llamar a tus superiores por sus apodos, a menos que, como me pasó a mí en una ocasión, se dé una gloriosa casualidad como tener un jefe calvo apellidado Calvo. Tenía que llamar a toda la plantilla por sus apellidos para que no cantara tanto, pero ah, qué liberador era…

4.-“Ficha” a alguien. Otra técnica rescatada de los tiempos de instituto. Si a los 16 se te hacía más llevadero que llegara el lunes para ver al rubio de COU A en el recreo (sí, yo hice COU, no Bachillerato, soy viejuna), a los treintaytontos se te puede hacer más llevadero volver a currar si te vas a encontrar al moreno de contabilidad o a la pelirroja de administración (según las tendencias de cada cual) junto a la fotocopiadora. Aunque no tiene por qué pasar de lo platónico y del tonteo muy light, por si las moscas –y “las moscas” suelen ser los litros de alcohol que corren en las cenas de empresa- mejor que te plantees como objetivo a alguien de tu misma jerarquía laboral. Porque tirarle los tejos al jefe da fama de trepa, y tirarle los tejos al subordinado (o subordinada) puede terminar en demanda.

5.-Promueve la actividad de coaching y unidad de equipos de trabajo más antigua y más tradicional de estas tierras: las cañas de después del trabajo. Si en tu empresa hay al menos una o dos personas no trepas y tan quemadas como tú, quedad al terminar la jornada para despellejar a todos (sobre todo al trepa del punto número 1) y comentar las conspiraciones y juegos de poder. Como en el punto 2, pero con cañas de por medio.

6.- Canaliza creativamente tu mala leche laboral: escribe un blog. Escribir es un desahogo estupendo, puedes conocer a otros blogueros igual de quemados que tú para daros apoyo moral, y, admitámoslo, en muchos trabajos se dan situaciones tan surrealistas que, si bien en el momento de vivirlas te dan ganas de hacer un remake de “un día de furia”, narradas por escrito con algo de gracia y grandes dosis de ironía y mala leche resultan grandes piezas cómicas que pueden alegrar el día a otros trabajadores tan hasta las pelotas como tú. Así que, si en tu empresa os han comunicado que para ahorrar gastos cada uno ha de traer su papel higiénico de casa, si empezaste a trabajar de periodista al mismo tiempo que la Campos y aún tienes contrato de becario, si eres dependienta en una tienda de ropa y las señoras te piden el libro de reclamaciones porque los vestidos no le sientan igual que a la modelo del catálogo o si eres médico y te ha venido uno por urgencias para que le trates la caspa porque tiene una cita y quiere dar buena impresión, compártelo con el mundo…

By Miss Murphy

Teoría del hombre bolso

05/29/2011

La teoría del hombre-bolso alude a que ciertas mujeres piensan que los hombres son como los bolsos, ideales para tenerlos siempre agarrados y que tengan siempre todo lo que necesita (y más). Que siempre lleven la cartera y las llaves del coche. Que siempre sean cómodos de llevar y aguanten todo tipo de trotes sin rechistar. Y si un día se harta de ese bolso y lo deja abandonado en un perchero…y ese día pasa otra mujer, lo ve, le encanta y decide cogerlo, puede ir con toda su mala baba a protestar y decir “ese bolso es mío”, chillar para recuperarlo, hablarle muy mal a todas sus amigas de quien le “quitó” el bolso que ella antes no quería.

Menos mal que la nueva “dueña” del bolso practica el Keledenismo, gran filosofía espiritual que ayuda a mantener el colesterol y la tensión arterial en cifras razonables.

¿Te ayudo con el coche, vida?

05/26/2011

Una de las cosas en las que más se notan que, por más que nos digan que el feminismo está obsoleto y que en occidente la desigualdad no existe, para algunas cosas ser mujer es más estrsante, es con el coche. Porque más de una vez he ido yo por la calle y me he encontrado a algún conductor aparcando de forma un tanto torpe y he pensado “si no enderezas antes no lo metes”, pero no me he plantificado a su lado y he empezando a hacer indicaciones con los brazos, ni muchísimo menos le he dicho “¿Quieres que te lo aparque yo, precioso?”.  Tampoco he visto nunca que un hombre se acerque a otro conductor en términos similares (quitando a los gorrillas que luego te piden pasta, claro). Y sin embargo, si eres chica y te enfrentas a un aparcamiento (o salida de aparcamiento) un poco peliagudo, a la primera maniobra dudosa –o a veces antes mismo de encender el motor- es fácil que tengas a algún brasas a tu lado diciendo “tienes que girar para aquí, dale, dale, endereza”…

Pongamos un ejemplo al azar: una joven maripepi, tras nueve horas de trabajo y dos o tres horas de estudio en la biblioteca de la universidad, decide que sus neuronas ya están pidiendo clemencia y que son horas de volver al hogar. Como suele suceder en el parking de la universidad cuando está muy concurrido, una vez se han acabado las plazas delimitadas para aparcar en batería, la gente ha empezado a aparcar en línea justo en el centro, creando una especie de línea continua de coches que divide el camino para entrar y salir en dos minicarriles. Con eso no sólo te obligan a dar toda la vuelta a los coches aparcados para evitar a los que entren cuando vas a salir, sino que tienes que medir el espacio al sacar tu coche o tienes bastantes posibilidades de darle a los que han aparcado en el medio y medio (lo cual, considerando que han dejado el coche estorbando, tampoco voy a decir que me fuera a provocar un remordimiento tremendo).

Según nuestra joven maripepi se acerca al parking, llave del coche en mano, un fulano le dice:

–         ¿Vas a salir, vida?

–         Mñsí –rosma por lo bajo la maripepi, a la que le jode mucho que desconocidos y/o dependientas de las tiendas de ropa le llamen vida, cari, cielo o cursiladas similares.

–         Pues si no me dices de dónde a ver cómo meto el mío….

–         Ves el coche cuya puerta estoy abriendo? Pues de ahí -.Sieeeeempre hay un tocapelotas. El parking es ridículamente pequeño y desde el otro extremo podrías contarle las pulgas a un caniche, como para no ver qué coche sale.

Nuestra maripepi se mete en el coche dispuesta a maniobrar, y ve que el fulano que quiere su plaza se ha colocado delante de ella, por lo que va a tener que sacar el coche en sentido contrario al que tenía previsto. Lo bueno es que va más directa a la salida, lo malo que como alguno pretenda entrar a la vez se va a montar un pifostio.

Sacar un coche aparcado en batería cuando te han limitado a la mitad el espacio de giro es algo chungo. Si llevas más de doce horas sin parar entre trabajo y estudio, tampoco es que estés excesivamente ágil, así que nuestra maripepi hizo una primera maniobra para intentar sacar el coche, vio que así estaba difícil y lo metió otra vez para volver a salir pegándose menos al de al lado. Error, craso error. Al momento tenía al lado al tocahuevos de antes dándole golpecitos en la ventanilla:

-Uuuy, vida, así no lo sacas, eh? Quieres que te ayude?

-No, gracias. No me gusta que me den indicaciones. –ventanilla subida de nuevo. Cara de pocos amigos. El tío que no se pira. Nuevo intento de girar sin pegarse al de al lado y, además, sin atropellar al tocahuevos. Evidentemente, con el segundo factor en juego, el intento tampoco fue muy bueno.

-Así no, así no… gira para allá, para allá…

Se acercan otros dos tíos y el tocahuevos les informa:

-Mirad, si es que le estoy diciendo que así no, que le va a dar al otro, que gire para allá., mirad, mirad.

Los otros dos se acercan a comentar la jugada. Ahí la maripepi pierde la paciencia, les dice que se vayan a tomar por culo que nadie les ha pedido clases de nada, y pillan la sutil indirecta y se piran. Los dos acoplados, quiero decir. El tocahuevos sigue ahí:

-A ver, mira, gira para el otro lado. –Ni de coña. Llevar el coche como dice implicaría rayazo del quince al de al lado. La maripepi ya está hasta los ovarios.

-Mira, tío, a ver cómo te lo digo. Estoy muy cansada, me he levantado a las seis de la mañana y no esto y para..

-Uy, pues yo a las seis y media.

-Pues ya te has levantado más tarde ,y además yo no he ido a tocarte los cojones a ti así que me es indiferente.

– ¿Quieres que te lo mueva yo, vida? Que es que noto que te estás poniendo nerviosa…

Ahí la maripepi ya vio que estaba a punto de pasar de todo, sacar el coche a lo bestia sin importarle cuántos coches pudiera rayar o abollar, y atropellar repetidamente al “vida” de los cojones. Y como sería muy triste acabar en la carcel a menos de tres meses de las vacaciones, decidió bajarse del coche, cerrarlo y volverse a la cafetería de la facultad. El fulano que quería el sitio, que se buscara la vida.

Quince minutos y un café después, el tocahuevos seguía dentro de su coche parado en la plaza de discapacitados. La maripepi vuelve a su coche. Ve que el tío hace amago de salir del suyo, así que pone la música a toda pastilla como sutil mensaje de “di lo que te salga de los cojones que no te pienso hacer ni puto caso”. El fulano debe pillar el mensaje porque se queda al lado de su propio coche. Como hay otro coche parado en el sentido en el que pensaba salir antes, y el coche del tocahuevos está en la plaza de discapacitados en vez de cortando el camino, la maripepi decide girar en sentido contrario al que le sugerían antes y, oh, sorpesa, aunque necesita varias maniobras porque el espacio es reducido, sale sin grandes problemas sin que nadie le haga indicación alguna.

Curiosamente, según salía del parking vio por el rabillo del ojo que el tocahuevos no hacía amago alguno de mover su coche a la plaza que acababa de dejar libre…

Miss Murphy