Propósitos de Año Nuevo

01/01/2012

1. Seguir cada año un poco más divina, como hasta ahora. Seguir desafiando al paso del tiempo.

2. Echarle un cable a la economía consumiendo en lo que haga falta, que una es muy sacrificada.

3. No dejar que ningún imbécil haga que me olvide de quién soy.

4. Seguir siendo una mujer de armas tomar, tener claro que no tengo que demostrar nada a nadie.

5. Hacer mi trabajo mejor que cualquier hombre de los que me rodean, a pesar del estigma que en mi puesto significa el género.

6. Mejorar la técnica “me voy a acordar de todos tus ancestros” sin perder la sonrisa.

7. Recordar día tras día lo afortunada que soy estando rodeada por personas tan maravillosas. Al resto, mejor ni verlos.

8. Seguir siendo YO debajo de las capas y capas de coraza.

9. Hacer caer a Ika y a Bego igual que he hecho con Miss Murphy. Al final me lo agradecerán… jajajajjaa

10. Seguir repartiendo el espíritu maripepil por toda la geografía.

Un año más…

12/31/2011

Vuelve a ser un placer seguir desvariando con vosotras!!!! Y además…

Miss Murphy ha caido!!!

Madre no hay mas que una… Gracias a Dior

12/31/2011

Reconozco que soy uno de esos bichos raros a los que les encanta la Navidad, las lucecitas, los regalos, las reuniones familiares, las sorpresas, quedar para brindar, los típicos mensajes de tu ex borracho, las vacaciones… Llamadme rara. Sólo le veo un pequeño problema a todo esto: el temido retorno al nido. Y es que, si hay algo que una madre no entiende, es el significado de la palabra intimidad. Me explico…

Situación en mi dulce hogar: Me levanto medio zombie. Me miro al espejo y determino la cantidad de maquillaje que voy a necesitar para arreglar el desastre. Subo hacia la cocina medio reptando por la escalera, bien grapada a la pared por si acaso. Llego a la cocina, capsulita de café, botón, y a ver chorrear mi droga… Empieza un nuevo día.

Situación en casa de La Mamma: Me despierta el ruido de la aspiradora tempranito por la mañana. Escondo la oreja debajo del edredón y sigo durmiendo. Se abre la puerta con un “nenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa venga arriba”. Intento llegar a la cocina pero mami se ha plantado en medio del pasillo para darme conversación. Me recuerda que tengo que llamar al técnico del lavavajillas (se la sopla si aún me quedan dos semanas para volver a casa), me da varios consejos para afrontar las obras que me esperan en casa (y se ofrece voluntaria para venir a ayudar), me recuerda que, en abril (¡¡¡!!!) tengo que ir al dentista y se empieza a preocupar por el tiempo que hace en NY en mayo, para que vaya pensando qué meto en la maleta…

Situación en mi dulce hogar: Me meto en la ducha. Me tiro media hora debajo del agua hirviendo, sólo se oye el ruido del agua. Me relajo feliz y contenta antes de ir a trabajar.

Situación en casa de La Mamma: Me meto en la ducha. Mi madre me pregunta algo desde la cocina. Hago como que no he oido nada. Insiste. Yo también. Se acerca hasta la puerta del baño y lo intenta de nuevo. Soy sueca. Decide meterse en el baño y, una vez más, me da el coñazo me recuerda amablemente que llame al técnico del lavavajillas dentro de quince días…

Situación en mi dulce hogar: pongo música que se escucha en toda la casa, y mi única preocupación es que no la oigan los vecinos del bloque de al lado. Canto y bailo al más puro estilo Bridget Jones. Hablo con algún amigo por messenger mientras tanto.

Situación en casa de La Mamma: pongo música más bien baja y me encierro en el despacho para que no me molesten para que no moleste tanto. A mami le entran ciertas ansias comunicativas y se dirige a mí desde el otro extremo de la casa. Para ser tan sueca no he salido nada rubia. Hablo con amigos por facebook mientras ignoro a mi madre tanto. Sin saber cómo ni por qué acabo contestándole a mi madre con lo que acabo de escribir en el ordenador y aguantando comentarios tipo “qué sosa te has vuelto desde que vives sola”.

Reconozco que soy uno de esos bichos raros a los que les encanta la Navidad, las lucecitas, los regalos, las reuniones familiares, las sorpresas, quedar para brindar, los típicos mensajes de tu ex borracho, las vacaciones…

Una piensa…

12/02/2011

Una piensa que cuando crece se madura y se dejan de lado ciertas actitudes. Y cuando llega a esas edades en las que se supone que esos comportamientos más inmaduros ceden, comprueba que si se hiciera el juego del amigo invisible entre ciertas personas el regalo ideal sería un chupete.

Una piensa que lo que ocurre en la tele no puede pasar en la vida real y luego se topa con personas que viven su vida como si fueran protagonistas de teleseries o de Gran Hermano.

Y una termina viviendo su vida bajo el lema “dejadme vivir en paz”, porque llegado a cierto punto una lo que quiere es estar tranquilita y no comerse mucho la cabeza con lo que digan o hagan los demás…

De bodorrios…

11/15/2011

Una de las cosas en las que más se va notando en qué fase de tu vida estás es en el tipo de fiestas a las que te invitan.  Si tu vida social consiste principalmente en fiestas de cumpleaños con tarta de chocolate, chucherías y pitusa cola en casa de algún amigo, estás en la más tierna infancia. Si tu vida social consiste principalmente en fiestas de cumpleaños con chocolate (del de la tarta no, de otro)  y calimocho en algún parque, estás en la adolescencia. Y una vez llegas a la edad adulta, empiezan a caerte invitaciones a bodas por doquier. Que también comes y bebes, pero tienes que ir más arreglado y para el regalo no vale con poner cinco euros de bote cada uno de la pandilla para comprar algo en el Freshka. De hecho, ahora que estoy entrando en la espiral de las bodas, entiendo un poco por qué el PP se quiere cargar el matrimonio homosexual. No es que sean homófobos como yo creía, es que tienen amigos gays y claro, ahora tienen que ir a más bodas que antes…

 

Conste que hay bodas que te hacen ilusión. Sobre todo una: la primera boda del grupo más cercano de amigos. Esa la sueles vivir en grande, os lo pasais genial organizando la despedida, y los regalos, y las tropecientas mil pijaditas para amenizar la ceremonia, y os sentais todos juntos en la misma mesa, y os pasais la cena gritando “que se besen, que se besen!”. Lo malo es que luego se produce el efecto contagio, todos tus amigos emparejados empiezan a anunciarte que también se casan en un brevísimo espacio de tiempo, y tal vez cuando la primera de tus amigas te anunció su boda se te escapó una lagrimita de emoción, pero a la quinta en el mismo año, se te caen las lágrimas también, pero de pensar en cómo vas a sobrevivir con la pasta que te vas a dejar en regalos, vestidos y demás.

 

Hay un tipo de boda que toca especialmente las narices, y es la boda a la que vas en calidad de acompañante: a los novios los conoces de veros dos veces, si es que los conoces, pero son intimísimos de tu media langosta, y él se empeña en que le acompañes .Y tal vez acabas cediendo por amor, o porque dentro de dos meses tienes una boda insufrible de la más aburrida de tus primas y piensas exigir que te devuelva el favor acompañándote (y conduciendo para que puedas tajarte a gusto). Y claro, si es la boda de uno de los de su pandillita habitual y ya estás integrada en su grupo podrás pasarlo bien, pero si los conoces poco todavía, o no te llevas bien con ellos, o directamente no los conoces porque no son los habituales sino sus colegas de la universidad, o de cuando era boy scout, o cualquier cosa similar, corres el riesgo de acabar poniendo cara de Gioconda mientras tu maromo y los colegas a los que ve una vez cada cuatro años bisiestos se descojonan rememorando batallitas de los viejos tiempos.

 

Aunque para sentirte descolgada, de todas formas, no hace falta ir ejerciendo de consorte. También es habitual que te invite a su boda esa amiga que conservas de la infancia, o de la universidad, o de tu oscuro pasado en el club de fans de Pijandro Sanz, y no conozcas a nadie de su círculo de amistades habitual. En estos casos, que la boda sea divertida o un suplicio depende del criterio de tu amiga al ubicarte en el banquete y de la capacidad integradora de sus amigas. Si tiene un grupillo de amigos sociable y enrollado dispuesto a adoptarte, puedes pasártelo genial. Pero también puede ser que sus amigos sean más sosos que una dieta para la  hipertensión, que sean más endogámicos que un poblado amish y no se molesten en integrarte, o que tu amiga directamente te siente en alguna mesa chunga de “descartes” con más descolgados: con su tío abuelo solterón de setenta tacos, las primas amargadas a lo Patty y Selma y el jefe del novio que se ha autoinvitado por el morro, o alguna combinación igual de escalofriante.

 

Y luego están las bodas de tu familia. Que aquí todo depende del tipo de parentela que tengas. Tengo amigos suertudos que tienen un batallón de primos de edades similares, que se llevan todos genial y se lo pasan de muerte en cualquier reunión familiar. Y luego estamos los que apenas tenemos familiares de nuestra generación  (quitando un par de primas ya casadas y mamás que se dedican a contarte su parto, episiotomía incluida, durante el banquete) y nos ha tocado en suerte una familia más “tradicional”. Los que estamos en esta tesitura tenemos que tajarnos disimuladamente (con la ancestral técnica de rellenar la copa a poquitos de forma clandestina para que siempre parezca que apenas hemos bebido), para soportar tópicos de conversación como:

 

A)    Pues con Franco vivíamos mejor (criarte en familia mayoritariamente de derechas implica una sesión de apología de la dictadura cada vez que los mayores se han bajado un par de brandys, pero esto me puede dar para otro post)

B)     ¿Y tú para cuando? (La tía cotilla que todas tenemos)

C)    ¿Luego me echarás un baile, no? (El marido salidorro que tienen todas las tías cotillas que todas tenemos).

La muerte en bolsitas, porque además no puedes recurrir a los recursos básicos para entretenerte en una boda (exprimir la barra libre hasta que no distingas Paquito el Chocolatero de Fiesta Pagana y/o ligar con algún otro invitado) sin montar un cisma.

 

Y todo eso por no hablar del gran anticipo de las bodas: la despedida de soltera, que deberá quedar para otro post…

 

Miss Murphy

Había una vez, un ERE…

10/09/2011

Vale, a estas alturas no hay uno, los hay a puñados, pero acontece que uno de ellos afecta a la empresa en la que trabajo, así que me ha tocado vivirlo más de cerca. Para quienes tengais la suerte de no estar experimentados en estas lides comentaré en plan simplificado y barriosesamero que los ERES pueden ser temporales (te vas una temporadita pero con opción de volver), pueden afectar a una parte de la plantilla (algunos se van con la patada en el culo y se espera que la empresa pueda seguir tirando con los que quedan), o ERES de extinción, o dicho en cristiano, hasta aquí el pescao vendido, todos a la calle, echamos la persiana y la próxima vez que pases por delante de la oficina igual en su lugar han montado un “Compro oro”.

En este caso fuimos agraciados con uno del último tipo, de los de “a la puta calle todos”. En un ERE de este tipo, amigos, se produce una situación extraña y tus últimos días en la empresa trancurren en una especie de limbo. Porque ya poco queda por hacer (de hecho a veces te van desmantelando la empresa a poquitos contigo aún ahí), pero durante las semanas que dura la negociación, tienes que seguir yendo a trabajar, aunque tan sólo sea a hacer acto de presencia. Es un poco como los primeros minutos de una peli de esas de apocalpisis postnucleares, en las que los supervivientes vagan por ahí desorientados, sin tener muy claro lo que hacer, ya que todo ha quedado arrasado. Y como en una peli, los papeles se van distribuyendo y cada uno reacciona siguiendo un rol concreto.

Está, por supuesto, el desesperado: Se deja llevar por el pesimismo más absoluto y va diciendo a quien quiera oirle que eso es el fin, que tal y como está la situación jamás volveremos a encontrar trabajo en esto, y que naturalmente nos iremos con dos duros porque el comité de empresa no va a conseguir negociar ni que no den una bolsa de pipas. Ojo, que muchas veces no es un desesperado auténtico, sino que está haciendo una labor de desmoralización del resto para intentar que nadie se moleste en buscar trabajo y así eliminar competencia.

Está el pelota desubicado. Lo reconocereis porque cuando se proponga cualquier medida de presión para reivindicar una salida digna (avisar a los medios, organizar protestas, colgar pancartas), será el que diga que con él no conteis para eso, que no quiere quedar mal con la empresa de cara al futuro. Que da igual que la empresa esté condenada a la extinción y que tenga por delante una esperanza de vida de menos de un mes, nunca se sabe qué gran jefazo montará otro negocio en el futuro, recordará que ese empleado en concreto no salía en la foto de las manifas de protesta cuando cerró su chiringuito anterior, y le contratará en premio a su fidelidad…

Está el “Esqueyo”. Ese que interrumpe cualquier reunión de trabajadores para acordar acciones comunes, o llama ocho veces al día a los del comité de empresa que están negociando el ERE, para pedir que le resuelvan cualquier asunto particular suyo que, o resulta irrisorio en mitad del cataclism general, o debería preguntar directamente a los jefazos, o le podrían ayudar si lo preguntara una vez y en el momento adecuado, pero le acaban mandando a la mierda por cansino. “Es que yo tenía pendiente de coger un día de vacaciones en noviembre, que si me lo van a pagar, que si lo cojo ahora o que”; “Es que yo necesito saber ya si vais a conseguir los 45 días de indemnización o no, que quería comprarme un iPhone con eso”; “Es que yo me agobio de venir a trabajar para no hacer nada, así que si no llegais a acuerdo hoy a mí que alguien me haga un justificante o algo para trabajar desde casa, que me dan taquicardias”; “es que yo he pedido que me pasen a un disquette todo mi trabajo de estos cuatro años para mandar con mi currículum a las empresas y se han reído en mi cara”…

Están los que optan por el humor con vía de escape. Los que se bajan al bar de al lado o se traen el termo de café (porque la máquina de cafés desapareció el día que se anunció el ERE, que el de la máquina de vending no se fiaba de que se la devolvieran antes de echar la persiana) y matan el rato haciendo imitaciones malévolas del “Esqueyo”, los que escriben blogs tipo “crónica de cómo nos mandaron a la mierda”, los que se intercambian mensajes en clave a través de las redes sociales parodiando su situación laboral…

Están los que aplican el lema de “para lo que me queda en el convento”, y aprovechan que en breve van a dejar de ver a diario a esos compañeros a los que tienen atravesados desde hace meses o años para saldar deudas pendientes y decir las cuatro cositas que tenían ganas de soltar, pasándose por el arco del triunfo la consigna de “tenemos que mantenernos unidos para defender lo nuestro”. Sí, señores, a las puertas de irte a la calle y con un futuro incierto, pueden armarse broncas monumentales que empiecen con un “para ti es muy fácil decir que firmemos ya porque tienes la vida resuelta” y que terminen por “que yo sé perfectamente que fuiste tú quien se llevó mi grapadora mientras estaba de vacaciones en verano del 98, qué mala persona que has sido siempre, maripili”.

Están los que tienen que vérselas con los supertacañones (la empresa y sus abogados) para negociar las condiciones en las que nos vamos a ir a la calle, y se tiran horas y horas de negociación. Y por ahí pululan también sus némesis, los supertacañones en cuestión, los que vienen para decirte que te quejas de vicio y que no comprendes que el superjefazo es la auténtica víctima de toda esta situación, el pobrecico.

En cualquier caso, si algo sacas en claro de una situación así es que la gente se retrata y te demuestra muchas cosas, tanto para bien como para mal. A veces descubres que esa persona de otro departamento con la que apenas tenías trato y parecía muy seria tiene unas ocurrencias que os hacen partiros de risa por chunga que sea la situación, a veces el que parecía ir más a lo suyo y del que todos os esperabais que huyera cual rata del barco hundido es el primero en movilizarse para reclamar lo que haga falta, y a veces el que pensabas que estaría al pie del cañón se revela como un “esqueyo” de libro…

Miss Murphy

Esa doble moral…

09/09/2011

Situación hipotética: En un parking casi repleto, un conductor está intentando meter su coche en una plaza, y el asunto le lleva bastante tiempo, lo que obliga a los conductores que le preceden a esperar un rato mientras él maniobra y deja el camino libre.  Comentarios típicos en esa situación: “¿Has visto a ese inútil? ¡Jodeeeer, qué tío más lentooo!””¿A este quién le ha dado el carnet?”.

La misma situación cambiando sólo un detalle: quien tarda un buen rato en aparcar no es conductor, sino conductora. Comentarios típicos: “Mujer tenía que ser!”, “Mujer al volante peligro constante”, “si es que claro, las aprueban sólo por ir con minifalda al examen” “joder, que se lo aparque su marido y acabamos antes”…

Situación hipotética número 2: Paco estudia Ingeniería de Caminos y lleva diez años para sacarse la carrera, a pesar de que en el instituto era de todo sobresalientes. Comentarios típicos: “Si es que la ingeniería es una carrera chunga, no como (insertar aquí cualquier otra carrera, preferentemente de letras)”. “Si es que claro, el instituto es una cosa pero la carrera son palabras mayores”, “Si es que Paco siempre fue más de chapatoria y esto aquí no vale”…

La misma situación cambiando sólo un detalle: es Laura, y no Paco, quien lleva diez años para sacarse Caminos. Comentarios típicos: “Si es que a las mujeres las carreras técnicas no se les dan tan bien”, “Claro, ellas en el insti sacan buenas notas porque son muy constantes para hincar codos, pero esto es más de razonamiento”…

Situación hipotética número tres: Paco y Luis hablan de que su amigo Juan, desde que está con su novia Manoli, está hecho un calzonazos y ni siquiera se deja ver para la tradicional pachanga futbolera de los sábados: así se está poniendo de gordo el chaval, que parece una foca monje. Comentarios típicos: joder, cabrones, cómo os pasais… aunque vale, parte de razón tenéis.

Situación similar, pero esta vez son Ana y Sonia las que comentan que desde que su amiga Carmen sale con su novio Pedro está hecha una seta que se queda los sábados viendo el Sálvame Deluxe con su churri y se ha dejado mogollón, que ya le llegan las raíces del tinte a la altura de las orejas. Comentarios típicos: si es que no falla, las tías siempre cotilleando y despellejando a vuestras amigas, si es que las mujeres sois muy malas amigas y los hombres son más noblotes…

Y es que no falla: cuando un tío cae en ciertos comportamientos, se juzga a ese tío y es él quien queda de torpe, criticón, limitadito, mal amigo… Si eres mujer procura no cagarla, que no es ya que tú quedes mal: estás tirando por los suelos el buen nombre de todas tus congéneres, menudo papelón…

 

Sonreid y saludad, chicas, sonreid y saludad…

08/07/2011

Queridas maripepis:

en infinidad de ocasiones tendréis que recurrir a esta gran frase de los pingüinos de Madagascar, sonreid y saludad aunque por dentro estéis rabiosas.

Sonreid y saludad cuando la inoportuna de la prima de vuestro parejito se le ocurra decir que tu vestido es precioso pero te hace cinco años más vieja pero bueno, es que en general vistes de una manera muy formal y pareces mayor incluso que tu parejito.

Sonreid y saludad cuando la arpía que tenéis en vuestro trabajo os haga la gran puñeta y se cargue vuestro trabajo de tres meses de una plumada y el resto de tus compañeros mire a otro lado, que la cosa no va con ellos y no se han dado cuenta, uy…

Sonreid y saludad cuando al coger una prenda de un perchero la dependienta os diga “quizá le haría falta una tallita más, ese vestido no le va a entrar” mientras pensáis “cariño, a tí sí que te hace falta una tallita más de cerebro…”

Sonreid y saludad cuando vayáis en tren y la madre del niño que no para de daros pataditas a tu espinilla y tu mochila se haga la tonta. Sonreid mientras le devolvéis una patadita al niño de los cojones.

Sonreid y saludad siempre, que para eso sois maripepis y sois megadivinas…

Telly

Las guías de Miss Murphy para la vida: consejos de ligoteo para hombres

07/10/2011

Lo primero de todo, y para evitar decepciones, vamos a partir de un par de premisas básicas: cada mujer es un mundo y lo que a una le parecerá el colmo del romanticismo a otra le hará morir de vergüenza ajena, y un hombre puede parecerle a una mujer el antimorbo, y que otra quiera quitarle los gayumbos a bocaos.  Así que si alguien espera encontrarse una fórmula mágica para meterse en el bolsillo a cualquier mujer, de eso no va a encontrar (ni aquí ni en ningún lado, ¡que no os timen, amiguetes!). Simplemente voy a dejar claros unos cuantos puntos muuuy básicos, que quiero pensar que a la mayoría os parecerán obviedades pero que hay mucha gente que no domina. (Y de esto puede dar fe cualquier mujer que salga de fiesta con cierta asiduidad).  Digamos que no se trata tanto de consejos para ligar sino para la fase previa: no hacer huir despavorida a la chica en cuestión a la primera:

 

1.- Vestimenta: aquí hay gustos para todos los colores, a algunas le gusta el estilo clásico con camisa y pantalón de vestir, a otras las camisetas de Iron Maiden y las Martens y a otras el estilo popero gafapasta, así que de entrada lo mejor es que vistas como te apetezca, que así te sentirás más seguro, y si ligas sabrás que le has gustado como eres, y no disfrazado. Sólo un par de puntos: que la ropa esté limpita (el estilo rodales sobaqueros a lo Camacho no es sexy) y que los calzoncillos no parezcan heredados del bisabuelo por lo viejos. ¿A vosotros os gusta en el momento culminante encontraros la bragafaja de bridget jones? Pues nosotras tres cuartos de lo mismo.

 

2.- Aproximación al objetivo. Igual a alguno de tus amigos, a las tantas de la madrugada y con la otra parte hasta las cejas de barcardi limón le funcionó la estrategia de plantarse delante de la interfecta y meterle la lengua hasta la campanilla, pero por regla general tienes muchas posibilidades de que la chica haga la cobra y aproveche el impulso para arrearte un sopapo. Del mismo modo, si te acercas a una chica que ni ha reparado en tu presencia y la acorralas contra la barra para preguntarle si viene mucho por aquí, es muy probable que sienta que invadas su espacio personal, y según su grado de mala leche, se haga la longuis y desaparezca, te suelte una bordería o saque un spray de pimienta del bolso. Mejor buscar antes el contacto visual a cierta distancia. Sí, suena muy de la época de las abuelas, pero un poco de juego de miradas para ver si te mira, sonríe, desvía la vista y vuelve a mirar  o si pone cara de “contigo no, bicho”, te ayudará a calibrar posibilidades. Otra opción es acercarte a pedir a la barra cuando tu objetivo esté allí, y empezar conversación casual mientras esperais a que os atiendan. No garantiza el éxito, pero nos da menos yuyu que tener a un perfecto desconocido arrinconándonos contra la pared. Y por cierto, la ley antitabaco os da otra posibilidad estupenda en la puerta del bar: a saber cuántas relaciones nacerán entre fumadores helados de frío compartiendo sus quejas por no poder fumarse sus cigarritos a cubierto…

 

3.-La conversación: Esto es lo más complicado, porque depende mucho de tu ingenio, y de las preferencias de la chica. Hay a quien le gusta que le hagan reir (y no a todo el mundo le hace gracia lo mismo, ni todo el mundo tiene la capacidad de resultar divertido), a quien le va el rollo “soy un tío sensible y me fui de mochilero por Europa”, o a quien le gusta que le hagan la pelota diciéndole lo divinas y guapísimas que son. En cualquier caso, sólo un truquillo que creo que es útil con cualquier tipo de mujer: antes de soltar una frasecilla para ligar, intentad imaginárosla en boca de Mauricio Colmenero, el de Aída. Si veis que no os chirría la frasecita en boca de ese personaje, descartadla ipso facto …

 

4.-El contacto corporal. Evidentemente, si el objetivo de la charla no es conseguir una sana amistad sino llevarte a la otra parte al huerto, antes o después hay que iniciar aproximaciones que lleven al momento beso. Y hay que calibrar bien, porque echar el morro demasiado pronto puede conllevar que te hagan la cobra, pero mantenerte a metro y medio durante toda la conversación puede hacer que la chica acabe viéndote como a un amigo y pidiéndote consejo para ligarse a otro o contándote su traumática ruptura con su ex. Así que lo mejor es el acercamiento gradual. Te acercas un poco durante la conversación, compruebas si se echa para atrás para mantener la distancia o parece cómoda con el acercamiento. En el primer caso reculas, en el segundo pruebas algún contacto como tocar ligeramente el brazo, y ves si lo retira o te deja hacer. Por lo general, si llegas al punto de estar casi pegados y hablar al oído aunque antes a medio metro os oyerais perfectamente, puedes entrar a rematar la faena, la posibilidad de que te hagan la cobra es casi mínima…

Guía maripepil para las rebajas

07/03/2011

Querida Maripepi:

no olvides que el glamour te acompaña allá a donde vayas y que no debes perderlo nunca, ni siquiera en rebajas. Además, en los tiempos de crisis que corren no puedes dejarte llevar por el diablillo que te dice que ingreses la tarjeta en la Unidad de Plástico Quemado.

Querida: lo primero es que hagas una lista de cosas NECESARIAS. Unos zapatos de plataforma con purpurina en la suela no es algo estrictamente necesario. Una falda de lentejuelas rosas con látigo a juego no es algo necesario. Sandalias y vaqueros, por ejemplo, sí.

Lo segundo es que seas realista. Por mucho que se pongan de moda los pantalones de pinza y tal, si tienes el culo gordo esos pantalones te hacen el culo más gordo todavía. Y no es buena idea tampoco ir a trabajar con una falda chichifresh que encontraste a 3 euros el día anterior. No, no, sé realista y busca ropa que se ajuste a tu espléndida figura y la realce, no ropa que sea una venganza cruel.

Lo tercero: las rebajas de verano muchas veces vienen bien para comprar básicos de invierno. Esas manoletinas para entretiempo que ahora te cuecen los pies. Esos vaqueros al 50% de descuento que ahora te los quitarías como el papel de una madalena. Ese jerseicito negro finito con cuello en pico que en invierno con una camiseta blanca debajo asomando por los faldones y el cuello y un buen fular te hacen ir sencilla y guapísima. Esa cazadora de piel o vaquera que te ponen a precio de chollazo y te da calor verla, te la pruebas con el aire acondicionado a toda hostia y en diciembre te hacen ir más guapa que nadie.

Cuarto: una prenda que vale 3 euros menos, tiene manchurrones de haber estado en el suelo, la encuentras en el suelo o bastante sobeteada NO es una rebaja. Es una mierda. Así de claro lo digo. Otra cosa es que te pongan un 50% de descuento o incluso un 70.

Quinto: la ropa de cuando tu madre no te tenía en el pensamiento no es resto de serie, es de la serie Cuéntame, directamente. Aunque estén a 2 euros, por Dior y Chanel no te compres ni pongas eso.

Sexto: sé paciente, my friend. Espera a segundas e incluso terceras rebajas, cuando la gente devuelve cosas y salen nuevas cositas rebajadas para seguir impulsando la compra masiva. Aprovecha para comprarte ese vestido para la boda del año que viene. O esos zapatos superbuenos que aguantarán todo trote que les pegues. No vayas a ansia viva pensando que el primer día te comprarás todo lo que está en tu lista y ya tendrás ropa hasta Noviembre. No. Ve a la caza y captura de chollos día tras día, en un agradable paseo con tus amigas, con café incluido…

En fin, querida Maripepi, espero que el espíritu maripepil te acompañe con sabiduría para poder disfrutar unas rebajas en condiciones. Que Gucci te ilumine, querida.

 


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